jueves, 7 de octubre de 2010

A contracorriente

¡Buenos días, queridos concursantes!
Una vez más venimos raudas y veloces a traeros vuestros geniales textos, esta vez con temática referente a ir en contra del mundo, a nuestro aire, a contracorriente.
Me ha llamado la atención lo breves que habéis sido, en general... ¡ningún texto sobrepasa una página esta vez!
En cualquier caso son igual de buenos que siempre; os dejamos con ellos sin más preámbulos. Tenéis hasta la noche del día 14, miércoles que viene, para mandarnos vuestros votos.
¡Besotes y sed buenos hasta entonces!


P.d: Alice Springs no nos ha enviado su texto esta semana, así que -por desgracia- queda descalificada del concurso.



1)  Sin ideas



Cero ideas. Cero frases. Cero propuestas en mi cabeza. Lo siento, pero no puedo hacer un relato de “A contracorriente”; por lo tanto, renuncio a seguir en el Concurso de Miss Mister Blogger 2010. Y no será porque mi experiencia personal me dicte lo contrario. Es más, mi vida siempre ha sido un nadar contra la corriente continua.

Cuando he tenido lo blanco, he deseado lo negro. Cuando he tenido la tranquilidad, he añorado la agitación. Cuando he tenido a ella, he deseado perderla de vista… Y así todo.

Pero una cosa es vivirlo, y otra muy diferente es contarlo. Siempre me he tragado mis sin-sentidos; mis búsquedas del camino correcto; mis frustraciones. De cara a la galería todo es muy bonito; ya que nadie lo intuye, o nadie te cree aunque lo cuentes; así que mejor me lo callo y evito que la gente lea mis desdichas.

Seguiré nadando en el sentido diferente que me llevan las aguas. Y si me canso, me dejaré llevar…me dejaré arrastrar, para empezar de nuevo la lucha.




2) Rosa


Con lo fácil que hubiera sido decir que si. Darles esos nombres. Revelarles esas direcciones. Pero no. La dignidad y la lealtad están por encima de muchas cosas, incluida su propia vida. Sabe que sus hijos lo comprenderán y en años futuros la recordaran con orgullo. Tiembla de frío en mitad de la noche, como las otras, en medio del bosque, donde solo la luz tenue de la luna parece arroparla. Cierra los ojos y se concentra en despedirse mentalmente con un abrazo de las personas amadas justo momentos antes de que el sonido de las balas del pelotón de fusilamiento anuncie su muerte. 



3) La vida es bella


Cuidé a mis hermanos después del colegio.
Hice miles de bocadillos de jamón y queso para merendar. Ellos querían Nocilla.

Se quejaron, pero fue en balde.
Fui una buena estudiante.
Nunca descubrieron ninguna de mis chuletas.
Mis padres nunca recibieron una queja del colegio.
Tuve novio formal.
Mis padres nunca recibieron una queja de mi novio.
Tuve varios amantes formales
Ninguno de ellos se quejó a nadie.
Organicé las despedidas de soltera de mis amigas.
Fui a sus bodas.
Me acosté con sus maridos.
Nadie se quejó.
Dejé de pagar religiosamente todas las letras del coche, del piso, de los electrodomésticos y de la minicadena.
Conseguí engañar a todo el mundo y nunca nadie se quejó.
Siempre fui muy cuidadosa cuando me bajaba porno desde el trabajo.
Fui una empleada responsable, diligente, trabajadora y puntual.
Asistí a todas las cenas de empresa, por aburridas que fueran.
Me follé a uno de mis jefes.
Me ascendieron.
Su mujer se quejó, y le despidieron a él.
Me follé a otro de mis jefes.
Me ascendieron.
Él se quejó, sobre todo cuando le despidieron.
Fui presidenta de mi comunidad de vecinos.
Engañé a la comunidad.
Todos se quejaron.
Dimití.
Todos se quejaron.
Tuve que trabajar cada vez más duro porque mis jefes ya no querían acostarse conmigo.
Me quejé un poco, pero nadie me hizo caso.
Me casé con un hombre rico y heredé su dinero.
Su familia se quejó un poco pero no me importó.
Envejecí feliz, rodeada de mis gatos queridos.
Mis perros se quejaron. Les abandoné en un viaje a Cuenca.

Ahora que soy vieja y que el fin de mis días se acerca, repaso mis días y me siento satisfecha. He seguido las normas y he vivido como todo el mundo, aceptando los premios y los sinsabores de una vida decente, como la que lleva todo el mundo.

Ahora que hago balance de mi existencia me doy cuenta de que dejarme llevar y seguir la corriente ha hecho que mi vida sea fácil, cómoda y segura. Y, a pesar de la sabiduría que me ha dado la edad, sigo sin entender por qué el mundo se empeña en romper las normas, con lo cansado que es.



4) El auténtico chiste verde

Vosotros ya conocéis la historia. Puede que no exactamente como os la voy a contar, puede que cambien los colores o los personajes. Pero la base es la misma.
“Un coche verde tiene un accidente. A los heridos se los llevan en una ambulancia verde, hasta un hospital verde, donde las enfermeras van de verde. Entonces sale un médico de rojo y dice: “Joder, ya me he equivocado de chiste”.
Os suena, ¿verdad? ¿Os parece gracioso? Pues a él no.
No es nada fácil vivir en el chiste equivocado. Desde que sale por la puerta al punto de la mañana hasta que llega por la noche es el centro de atención, el objetivo de todas las miradas. Unos se ríen, otros gritan asustados, la mayoría clava su mirada sin ningún pudor.
Imaginemos un día cualquiera para él. Se levanta temprano, no porque no pueda dormir, sino porque le gusta sentirse normal un poco más. No quiere que llegue la hora de salir a trabajar… pero llega. Si hace frío puede taparse la cabeza con un sombrero y una bufanda, pero estamos en verano y hace calor.
En el ascensor se encuentra a la vecina de arriba, que lleva a su hijo al cole. Ella le mira disimuladamente, pero el niño se asusta y se esconde debajo de la falda de su madre.
Como es una ciudad con mucho tráfico, coger el coche es un suicidio, así que pilla el metro. Ya en el andén siente las miradas, la mayoría extrañadas, algunas burlonas. Llega el tren, y se dirige hacia el fondo para intentar pasar más desapercibido. Obviamente no lo consigue. Transcurre el viaje haciendo todo lo posible por abstraerse del entorno.
El hospital donde trabaja le producen sensaciones contradictorias. La mayoría de sus compañeros se han acostumbrado ya, pocos son los que siguen teniendo problemas con su color. Pero precisamente por eso es donde escucha los comentarios más jocosos y burlones. La mayoría bromas inocentes, pero más de uno las suelta a mala leche.
Y no nos olvidemos de los pacientes. La mayoría no dice nada, pero el rostro les delata. No les gusta nada que un rojo les atienda, pero callan para evitar ser acusados de racistas.
En la calle o en el cine, en el museo o en el supermercado, la escena se repite una y otra vez. Ya está acostumbrado, pero eso no significa que le guste.
Y lo que peor lleva es regresar por la noche a una casa sin presencia femenina, porque está claro que el amor le está vetado, porque aunque ellas dicen que lo importante es lo que hay dentro… con él sólo ven lo de fuera.
Y se duerme pensando que ojalá encuentre a una chica roja, verde o morada, con quien pueda compartir su vida, y entonces seguro que ser rojo no sería tanto problema.



5) Voy a contracorriente, ¿y qué?

Después de darle muchas vueltas buscando un relato para esta semana, no me terminaba de gustar ninguna de mis ideas iniciales.  Delante de la pantalla en blanco no hacia más que escribir una frase y borrarla después, si lo hiciera en una maquina de escribir de las de antes, tendría ya un montón de papeles a mi alrededor y quizás el hecho de arrugar el folio y tirarlo me ayudaría al menos a descargar mi frustración. Porque lo de darle golpes al pc hasta cargármelo no me conviene en estos tiempos de crisis.

En fin andaba yo resoplando y devanándome la sesera cuando me hago una de estas pregunta profundas- ¿porque andaré metía yo en estos fregaos sin necesidad coño, con lo tranquilas que están mis vecinas de chismorreo en la calle? Y entonces se me hizo la luz, YO SOY UN EJEMPLO DE CONTRACORRIENTE.

A mis taitantos años y con una vida ya asentada y con un futuro ya encaminado, descubro esto del escribir. Me abro a un mundo totalmente diferente hasta entonces en mi vida, con amistades que nada tienen que ver con mi vida hasta entonces y encima descubro esto de los blogs.

Lo que mas me choca de este nuevo camino es la misma reacción de quien me conoce o de quien voy conociendo con lo que escribo: que les asombra esta faceta mía, al parecer no doy el perfil.

¿Es que mi aspecto o edad o vida determinan que hay cosas que no se suponen que tengo que hacer o no hacer?

¿El tener sensibilidad o facilidad de comunicarte de forma escrita tanto pensamientos como sentimientos para mi están vetados? Porqué les llama tanto que yo escriba poesías?

¿Las mujeres como yo sólo debemos emocionarnos con las telenovelas, no somos capaces de crear palabras que emocionen a los que nos leen?

¿Somos acaso cabezas huecas, sin capacidad de comunicación?

¿No se puede dar un giro radical en tu vida pasado unos años?

A los que leéis esto, no juzguéis a alguien por el tipo de vida que lleva o por su aspecto y no dejéis que os digan que eso que soñáis no es para vosotros. Id contracorriente, descubriréis personas  que os pueden aportar algo a vuestra vida y si decidís dar el gran giro a vuestra vida os sentiréis más vivos que nunca.



6) Fin


RIÓ CON GANA. Ver a aquel larguirucho con uniforme forestal pronunciar las mismas palabras que su madre, le hizo muchísima gracia. Decidió que, otra vez que se le ocurriese visitar a su abuela, cogería la moto y tomaría la ronda norte.

SE LEVANTÓ un poco magullada, pero teniendo en cuenta cómo había sido la caída, mejor no lamentarse en exceso. El guarda forestal venía corriendo tras ella:
- ¿Estás bien? –preguntó a la chica.
- Sí, sí, tranquilo –sonrió al tiempo que se sacudía la hojarasca de su impermeable rojo.
- ¡Nunca me había pasado esto! –el guardabosques bajaba con cuidado la misma pendiente por el que la chica acababa de rodar.- Ni siquiera sabía que había una casita en medio del bosque.
- ¡Pues ya ves! –respiró hondo.- Hay un acceso más moderno desde la autopista, pero se me ocurrió que sería bueno dar un paseo por la naturaleza.
- No, si la idea es buena, pero en el futuro ten más cuidado. ¡Sobre todo con los desconocidos! Vamos, será mejor que saquemos a su abuela de ahí.

LA CHICA oyó un disparo tras de sí. Tomó conciencia de su propio cuerpo y sintió un gran alivio al comprobar que no había sido herida. En cambio, aquel monstruoso ser que se había abalanzado sobre ella, parecía dejar de moverse. A pesar de ello, la chica corrió y corrió bosque a través, hasta caer rodando por un terraplén totalmente camuflado entre los matojos y las ramas caídas.

EL GUARDA forestal hacía su ronda por el bosque. Nunca tenía demasiado trabajo. Básicamente su faena consistía en que todo estuviera en orden y aquel día el orden era asquerosamente perfecto. Hasta que escuchó a una chica gritar “socorro” en dirección al oeste. Unos rugidos acompañaban a los gritos. Cogió firmemente el rifle con ambas manos y corrió siguiendo aquellos sonidos. En un pequeño claro había una casa de cuya existencia no había tenido noticias, pero no se entretuvo. Vio que había ganado terreno suficiente para afinar la puntería y en cuanto tuvo la cabeza de aquel ser a tiro, disparó.

-¿ABUELA? –preguntó la chica.
El silencio fue toda la respuesta que obtuvo. Las ventanas estaban abiertas, lo que provocaba un baile entre las cortinas y el viento que entraba por ellas. Todo parecía en orden salvo por un detalle. El solitario de rubí, que llevaba la señora de la casa en su mano derecha, estaba en el suelo. Se adentró más en la casa.
-¿Abuela?
-Estoy aquí… -la voz venía del dormitorio, pero no le era familiar.
La habitación estaba a oscuras. Vio sobre la cama una silueta que se levantaba y caminaba hacia ella.
-Se te ven los ojos más brillantes, abuela.
-Sí… así te veo mejor… -debía estar acatarrada, se le oía muy ronca.
-Y la dentadura muy blanca.
La silueta saltó a apenas veinte centímetros de ella.
-¡Así te comeré mejor!

HACÍA un día precioso. El sol, que brillaba en lo más alto del cielo, se dejaba ver entre las hojas perennes de los árboles. Las caducas, otoñales, formaban una alfombra por el sendero. Había dos alternativas: un camino corto, que cruzaba el río a través de un pequeño puente de madera; y un camino largo, que rodeaba el río hasta un punto en que cruzarlo era cuestión de saltar unas pocas piedras. Justo antes de decidir tomar el camino corto, la chica oyó silbidos provenientes del otro sendero. Pensó que podría toparse con algún excursionista que le acompañase en parte del camino, pero pareció haber sido una especie de ilusión, puesto que cuando llegó al río, no sólo estaba sola, sino que además no había encontrado ningún indicio de que en el bosque pudiera haber más personas. Se convenció de que los silbidos pudieran haber sido pájaros y continuó avanzando hasta divisar, entre los árboles, la casa de su abuela.

UNA mañana de domingo, su madre se le acercó y le dijo:
- Hoy tienes que ir a casa de tu abuela, que hace tiempo que no la ves.
- Jo, mamá…
- Ni jo mamá ni nada. Ya de paso llévale esto.
La madre le endosó un canasto con varios tarros de mermelada, una docena de huevos y un kilo de madalenas.
- Y ten cuidado con los desconocidos.

ÉRASE una vez, una chica a la que siempre le gustaba ir con un impermeable con capucha de color rojo. Por eso se le conocía como Caperucita Roja.





7) Río arriba
          
           La pequeña cabaña parece mirarme y pedir perdón. Madera, sucia madera. Inocente pero sucia. Arderás hasta los cimientos.
Arderá la cama y arderá Jack Kerouac sobre la mesita de noche. Arderán en los estantes Valle-Inclán, Lautréamont, Bertrand y Nerval. Burroughs y Ginsberg ya crepitan.
Después se quemara la cocina y en ella el pan y el Cola Cao. Y el plástico de Hendrix, Morrison y mi querida Janis.
Románticos, bohemios, beats y hippies… tan ciegos como brillantes.
Las vigas de vieja madera ceden y la estructura se viene abajo. Ni pena ni consuelo, es lo que me queda.
Dejo atrás las llamas y me interno en el bosque. Conozco cada árbol, cada brizna y no hay fallo en mis pasos.
Y heme aquí, a la orilla de un río tan viejo como el recuerdo más antiguo del hombre. Inabarcable.
Entonces, no sé si es primero el pensamiento o la acción, pero me encuentro a punto de introducirme en esa corriente: impetuosa.
Intento recordar la frase de algún sabio griego que de un poco de sentido a todo esto.
Ya es tarde y habré de morir para comprobar algo doloroso.
Pues aun nadando con toda mi fuerza, con mi último aliento… aunque queramos cambiar el curso de esta agua que nos inunda los pulmones, al final, el cauce toma nuestros cadáveres, los suyos, los de todos, y los arrastran, en su corriente.  



8) Simplemente ella

Ella nació así, diferente, especial, única. Al menos, sus mas allegados siempre la han descrito como: “una chica curiosa”
De pequeñita tenía todas las muñecas del mundo, pero no había usado ninguna de ellas, sin embargo, el balón de fútbol de su hermano, estaba más que trillado por sus pies.
Le encantaba montar en bicicleta y llenarse las piernas con el agua que salpicaban los charcos cuando pasaba sobre ellos.
Sus botas de agua no eran para nada rosas, ni con flores… Tenía unas de camuflaje que eran la envidia de todos los chicos de su barrio.

Al cumplir los 15 años, su padre creyó oportuno educarla musicalmente hablando, ya que era de la opinión de que la música es buena para todo, y ayuda a relajar y a meditar.
Siete eran los instrumentos que había para elegir… Piano, guitarra, violín, violoncelo… Pero no, ella estaba muy convencida de lo que quería y eligió tocar la batería.

Sus compañeras de clase ya empezaban a vestir como “medio señoritas” pero ella no quería quitarse el chándal por nada del mundo. Era con lo que mas cómoda estaba y le daba igual el resto del mundo. A su madre la traía de cabeza, y no dejaba de llamarla “marimacho” aunque a ella le daba igual. Tenía un encanto diferente y la mayoría de los que la conocían, pensaban lo mismo.

Así creció, así vive. Sin pensar si lo que piensa, hace o dice, es lo correcto o no, sino más bien si es lo que ella quiere o no quiere.



9) La paradoja del tiempo

Van como locos, así no me extraña que haya accidentes; todos, absolutamente todos van en contradirección arremolinados, adelantándose unos a otros sin señalar nada.
Si no he chocado con ninguno se tiene que deber al factor suerte.

- ¿No ves por dónde vas? - dicen algunos -.

Pero bueno, por supuesto que lo veo, son ellos los que se empeñan en ir al revés. La verdad, no es la primera vez que me ocurre.

La visibilidad es muy mala, quien construyó esta vía se lució, pero estoy seguro que llegaré a destino. Tranquilo, por mi carril...

Se oye una reverberación que es casi como la historia de mi vida...
- ¿Cómo te has dejado llevar a un callejón sin salida, el mejor dotado de los conductores suicidas? -
Pero es extraño... si yo no tengo radio. Será de alguno de estos profetas del contramano.

Por favor... ¡Cómo corren! ¡Ni que viniese una octava plaga desde Egipto!

- ¡¡Aminorad!!

Vamos, que si tuviese claxon se iban a enterar.

De pronto pienso que sí, que puede que algo de razón tengan... todo empieza a temblar, como cuando se gesta un gran tsunami y los animales que lo barruntan huyen despavoridos en otra dirección.
Quizás todos estos son como esos animales y yo estoy equivocado.

Algo viene hacia mí, lo intuyo. Una gran oleada que barre todo a su paso. Es el final, jamás volveré a destino.

La fuerza con que se me empuja me obliga a seguir el sentido de todos y noto en medio del caos cómo todos aquellos con prisas quedan atrás.

En esa vorágine y locura quedo cada vez más solo, hasta que me hallo en medio de una sala sin apenas ruidos ni movimiento.

Enfrente mío hay una gran esfera dorada. Es... muy bonita.

Me acerco hacia ella; la encuentro verdaderamente irresistible.

Estamos solos... esa atractiva esfera resplandeciente y luminosa, y yo. ¿Qué pasa si la toco?

Existen grandes paradigmas en el universo. Aparentemente mis preocupaciones son tres: Comer, dormir y saber quién es ese señor tan calvo que a veces viene y me sonríe con un peluche.
Sin embargo,dentro de mi ser más profundo se debate la paradoja del tiempo; si mi encuentro con la esfera dorada ocurrió hace diez meses, ¿Por qué tengo solo uno?

No me he presentado; me llamo Rubén.





10) Historia increíble que nunca sucedió

Juan García García era un hombre gris y vulgar, tan vulgar como su nombre. Lo supo desde el mismo momento que vino al mundo al ver reflejados en los ojos de la comadrona sus cincuenta centímetros y sus tres kilos ciento cincuenta gramos. Nadie le llamo guapo, nadie le pellizco en las mejillas, ni siquiera mintieron diciendo que era un niño gracioso o simpático. No, lo único que escuchó fue a su tío Mariano murmurar en bajo que el jodio niño tenía cara de inspector de hacienda, y el tío Mariano nunca se equivocaba, todos asintieron. Solo su madre le acarició la cabeza mientras por primera vez le ofreció un pecho seco como el corcho y con sabor a poliespan.

Juan recibió una educación sobria y austera, casi podría calificarse de espartana, sin la compañía de un hermano y rodeado siempre de adultos que nunca reparaban en su presencia. ¡Y cuánto hubiera deseado ser invisible!, sobre todo en el colegio, donde era la victima recurrente de las burlas de sus compañeros. Las collejas y capones le forjaron el alma, la alegría de la infancia murió aplastada sobre el yunque de la incomprensión, por eso, desde niño, comprendió que su vida no sería como la de los demás, a él le tocaría pelear y girar en el sentido inverso de la órbita terrestre. Buscó refugio en los libros y leyó compulsivamente, persiguiendo respuestas, pero solo encontró nuevas preguntas hasta comprender que lo que él necesitaba saber no se podía encontrar en los libros. Fue su primera lección aprendida.

Y se le quedó grabada a sangre y fuego, existían personas para las que todo era fácil, a las que el éxito les venía rodado, y él no era una de ellas, él era un salmón. Tan amargo era su pensamiento que se convirtió en obsesión, en un deseo brutal por ser querido y aceptado fabricando un personaje imaginario que suplantaba su verdadera personalidad. Luchó con todas sus fuerzas por ser parte de la tribu, aprendió a ser ingenioso y a llamar la atención, o eso creía, porque a los ojos de los demás nunca pasó de ser un estúpido bufón, el hazmerreir, el payaso de las tortas. Pero se inventó que no le importaba, que si no lo pensaba no le dolería y se lo creyó y lo llamó normalidad. No lo era.

Estudió una carrera y aprobó unas oposiciones, de inspector de hacienda, por supuesto, para gran regocijo de su tío Mariano que se colgó la medalla dorada del ya lo decía yo. Juan fue todo lo que no quería ser, sin ni tan siquiera saberlo y, aunque de puertas para afuera de su verdadero yo todo parecía ir bien, se abrió en su interior una sima que separaba a sus sentimientos reprimidos de su caparazón prefabricado, una fractura que cada día se iba haciendo más grande, sin poderlo remediar. Su vida se convirtió en un río de aguas profundas que irremisiblemente le arrastraban a un sumidero del que era imposible escapar.

Y llegó el día en el que Juan no pudo más, su cerebro dijo basta y decidió, sin preguntarle, olvidarlo todo. Fue una renuncia voluntaria del subconsciente, una desconexión de los sentidos que se volvieron incapaces de acceder al cofre de los recuerdos. Paso una hora, pasaron dos, llegó la noche, amaneció, volvió a anochecer y Juan no acumuló ningún recuerdo nuevo, solo era consciente de su existencia, pero ésta ya no le pertenecía. Fue entonces cuando desapareció la indiferencia, cuando se hizo invisible la ausencia de amor y, aunque no pudo adivinar cómo había llegado a esa situación, sintió un gran alivio, un deseo infinito e irresistible de dejarse llevar.

Notó que la corriente del río le arrastraba a favor, que solo tenía que dejarse llevar, era el triunfo del olvido, el salmón había muerto, por fin era libre.



11) A kontrakorriente

Poco me importa
toda la gente.
Poco me influye
en el presente.
Sigo en mis trece,
sigo vigente;
Yo siempre vivo
a contracorriente

Cuando ellos paran,
ya estoy enfrente.
Cuando hace frío
yo estoy caliente.
Nunca he dejado
algo pendiente;
siempre lo vivo
a contracorriente.

No me molesta
ser diferente.
Mas le fastidia
al intransigente
ver mi sonrisa
sobre su frente
mientras yo vivo
a contracorriente.

Mientras, voy siendo
un referente
para el que evita
ser complaciente.
Vivo mi vida,
y plenamente.
Vivo tranquilo
a contracorriente.



12) Estátus

Me llamo Jacinto Fernández-Vinuesa de Echegaray, soy graduado con matrícula de honor cum laude en económicas por la Universidad de Oxford y tengo tres másters realizados en las más prestigiosas escuelas de Ámsterdam, Berlín y Londres. Mi familia es una de las más poderosas de la aristocracia andaluza, con inconmensurables terrenos en tres provincias distintas y un estátus ganado, generación tras generación, en la alta sociedad gracias a nuestras prestigiosas bodegas. Una vida fácil, diréis. Probablemente lo sea, pero para mí era muy aburrida y vacía, sobre todo vacía.

Por ello, un día decidí que no quería seguir ese camino y que quería ayudar a los demás, hacer algo que de verdad sirviera para mejorar este mundo, para hacer feliz a la gente y, tras muchas dudas, un día por fin tuve claro qué hacer: quería irme de ayuda humanitaria a Guatemala. Mis padres, por supuesto, no lo entendieron. Me gritaron, lloraron, incluso me amenazaron con desheredarme argumentando que era la oveja negra de la familia y que les había deshonrrado. “Honor”, recuerdo que dijeron varias veces. Qué sabrán ellos de honor, desde su bonita residencia de verano bebiendo un martín tras otro hasta que caen redondos al suelo mientras el mundo se descompone por sí solo. Esa no es una vida que yo quiera tener, yo valgo para algo más que eso.

Que era una locura, me dijeron. Que se me había ido la olla y que mi lugar no estaba entre analfabetos sin clase. Qué sabrán ellos de clase. Recuerdo que les grité, que les tiré mi anillo de campeón de la regata de Oxford a su bonita alfombra y salí de su casa dando un portazo. De eso hace ya varios años, y no he vuelto a saber de ellos ni quiero, sinceramente. Ahora mi vida es totalmente plena y por fin puedo decir que ayudo a los demás y que, gracias a mí, la vida se abre camino de nuevo en zonas en las que parecía imposible. Al final no me fui a Guatemala porque perdí el avión y me daba pereza comprarme otro billete así que acabé trabajando de mamporrero, pero para el caso viene a ser lo mismo. Cada vez que oigo relinchar a Relámpago siento que mi vida por fin tiene algo de sentido. Míalo él qué contentico.

5 comentarios:

Soundtrack dijo...

Igual ningun texto sobrepasa una página porque ya no sabemos qué mas poner después de tantas historias concebidas :P

rombo dijo...

Las historias cortas se leen mejor para mi gusto...en este tipo de concurso o de blogs.. Mejor así.

Eingel dijo...

Al leer los textos veo que muchos tenian las mismas dudas que yo... quizas por eso la brevedad, el estilo directo

Preparado para votar.

Alice Springs dijo...

Tuve una salida de campo de 5 días en Asturias y no pude dejarlo escrito antes de irme... me da mucha pena salir a estas alturas :(
Por cierto, mis felicitaciones al autor/a de "Río arriba"; me ha parecido un texto tremendamente bello y de un mensaje muy universal.

Whitehorse dijo...

Votos enviados.

Publicar un comentario en la entrada