jueves, 28 de octubre de 2010

Tema libre

¡Chicoooos! ¡Que ésto se acaba! 
Ay qué penita más grande... con lo bien que nos lo hemos pasado con el concurso :)
Bueno, disculpad que hoy seamos breves pero andamos las dos de salud traviesa esta semana, así que iremos al grano: aquí os dejamos los últimos textos, de tema libre.

Como siempre, tendréis una semana para votar (hasta el miércoles que viene, día 3, por la noche).
La semana que viene publicaremos los resultados de las votaciones, así como el ganador final y alguna que otra sorpresilla, jeje.

Que tengáis una buena semana, allá donde os lleven vuestros pasos y... ¡feliz última lectura!



1) Recuerdos

Desde que vine a este mundo he observado a la gente que me rodeaba y no sabes la envidia que siempre he sentido. Porque no eran como yo. Porque toda la gente, los altos, los bajos, los tristes, los alegres, los ricos, los pobres… todo el mundo, todo, tenía a alguien. Alguien en quien apoyarse. Alguien de quien aprender. Alguien a quien acudir en busca de cariño cuando se sentían más vulnerables. Alguien junto a quien emocionarse. Sin embargo, yo sólo he conocido la soledad. Y todo ha sido por tu culpa, madre. 

Mis recuerdos son borrosos, como una especie de neblina en la que se vislumbran siluetas en el horizonte pero que al tratar de alcanzarlas con la mano se evaporan. En mi memoria no hay caídas montando por primera vez en bicicleta junto a mi padre. No existe el olor a tarta por las tardes para merendar. No existe ningún abrazo de consuelo ante mi primer corazón roto. Ninguna foto de familia. Ningún regalo de cumpleaños. Ninguna graduación. La vida sencilla y familiar que cuentan las series de televisión, tal vez, pero la vida que todo el mundo desea llevar. En eso consiste vivir, en acumular experiencias, sensaciones, es lo que nos hace humanos. Pero yo no he experimentado ninguna de esas sensaciones. He estado y estoy solo, y así ha sido desde el día que nos abandonaste a papá y a mí. 

Sin embargo, y aunque pueda parecer que te odio por ello, no es así. Porque sé que no fue culpa tuya. Tú no quisiste que pasara de esta manera. Simplemente pasó. Cuánto te habría gustado estar junto a mí el día de mi boda, la de veces que se lo he oído decir a papá. Jugar conmigo, vestirme, cuidarme y quererme con todo tu corazón como sólo las buenas madres hacen. Como sin duda habrías hecho tú. Pero te fuiste. Nos dejaste a papá y a mí. El día de mi nacimiento. El día de tu muerte. 

Papá nunca se sobrepuso a ese fatídico día, y yo nunca supe qué hacer para hacer que su vida fuera mejor. Me era imposible, no estaba en mis manos. Por más que deseara poder ayudarle, no podía, y esa frase que tanto repetía de que ella “nos cuidaba ahora desde más allá de las estrellas”, siendo sinceros, no nos aportaba a ninguno de los dos el más mínimo consuelo. Aquel día le perdí a él tanto como te perdí a ti. Sólo fue cuestión de tiempo el quedarme definitivamente solo. Sin ayuda. Sin presente, sin futuro, sin nada que hacer en este mundo. Ya nada me ataba aquí, por eso el día que murió papá el círculo se cerró y, simplemente, lo supe. Ya no tenía ningún sentido seguir en este mundo de vivos, de emociones, de sentimientos y experiencias tras todo este tiempo transcurrido desde el fatídico día en que ni mi madre ni yo sobrevivimos al parto. Por qué tuviste que hacerme esto, madre. Pero no te culpo. 

Ahora estoy perdido. No sé qué hacer o a dónde ir. Sólo existe esta calma inmensa llena de recuerdos que nunca viví. Es extraño: ¿por qué añorar experiencias que nunca he tenido? Estrellas, bautizos, pasteles, bicicletas. Bodas. Pero sé que algún día esto cambiará. No sé dónde estas tú, ni dónde estoy yo, pero sé que algún día te volveré a ver. Y a papá. Os encontraré de nuevo por primera vez y todo será como siempre lo he soñado. Como siempre debió ser. Los tres juntos.



2) Vodka

Dedos largos, húmedos, calidos, se estiran, se alargan, se acercan. Tras ellos no hay malicia. Sólo se deslizan, se transmutan, dejan de ser lo que son, se convierten en una caricia. Sin demora, deberías amarla, aquí y ahora, pero te apartas, te alejas a un rincón de la buhardilla. Eres una ardilla esquiva, mohína y siniestra.
Oyes la lluvia, pero las calles son cadáveres resecos. Nada se mueve más allá de tu ventana. Llueven rayos de sol que se estrellan contra los tejados, aniquilando insectos, humanos y pájaros en su descenso.
Ella es inteligente y bella pero ésta noche acabará borracha. Te ama -o al menos cree que lo hace-, sin embargo no esperará para siempre. Tú, no eres más que una sombra chinesca. No bebía vodka antes de conocerte. Ella se levanta. Coge la puerta y se va. En tu retina se deja sus curvas y ahora te frotas como un mandril en celo; como un chimpancé herido que sólo quiere correrse antes de morir.
¿Cuantas posibilidades de vida hay en una gota de semen? Si el aborto es asesinato, una paja, sin más ánimo que el de la autosatisfacción acaso, podría ser considerada como un potencial genocidio.
Empiezas a parecerte a un personaje de Houellebecq; esto no es necesariamente malo, pero desde luego, no es bueno. Conviertes todo lo bello en algo grotesco. Chiscas, te arrodillas, te flagelas. Duele.

Duérmete, niño chico
que viene el coco
y se lleva a los niños
que duermen poco.
Y duermes.

Era el quinto novio de tu madre en un año. No echabas de menos a papá, pero estos tipos tampoco te inspiraban confianza; sucias hurañas miradas masculinas. Preferían jugar con tu mamá, beber líquidos con sabor a madera y aspirar azúcar por la nariz.
Aquel quinto era distinto. Divertido. Irradiaba calor. Parecía interesarse por ser tu amigo. Era agradable y olía bien. Fue a él a quién llamaste.
Hacía frío, pero bajo tus sabanas y edredón estampados se estaba agustito. No conocías aún el miedo a la oscuridad y con curiosidad, probabas a captar cada vez mayor número de ruiditos nocturnos. El quinto y mamá apenas salían y teniéndolos a dos habitaciones de distancia te sentías seguro.
El orgullo de mamá, el niño más bonito, oyó algo que cortó su respiración. Pasos en el pasillo. Sonaban distintos a todos los pasos que habías oído en su corta vida. Eran pasos sin ritmo, sin cadencia; pasos que intentaban esconderse. Los habías descubierto, y muy quieto en tu cama, cerraste los ojos con fuerza, hasta ver lucecitas blancas. Con sigilo, el bicho desconocido avanzaba y tú, te dijiste que sólo imaginabas.
A partir de aquí, en tu memoria todo sucede muy deprisa. El bicho irrumpe. Intentas pedir ayuda, pero una mano ruda te sujeta y otra te enmudece. Todo es confuso. Olor dulzón. Temprano te marchitas.
Los grillos le cantaban una nana a los barrotes de tu cuna. Tu padre había sido el primero, el quinto sólo fue el segundo. Sólo cerca de la treintena y con psicoanálisis sacaste fuera toda esta mierda. ¿De qué sirve categorizar los daños irreversibles?

El nudo gordiano que tienes por estómago parece apretarse más y más. La bella prostituta asiática, con su piel de cera sin mácula, te mira impotente. En cuanto te toca, te repliegas como un gasterópodo acojonado. Eres un reto para ella. Le debería importar algo más que 0, y sin embargo, parece preocupada, es una verdadera profesional. Con ese egoísmo tuyo de siempre, le pides que te deje en paz. Has pagado por tus cuarenta minutos de felicidad. Con un pulgar en la boca, te friccionas contra las sabanas. Ella deja de mirar y tú te sientes un poco más podrido que de costumbre.

De vuelta a casa la encuentras en aquel callejón, anudándose con otro, estrujándose, retorciéndose. Quieto, observas. Ella te ve y gime, se suelta, se aparta, te sigue. La noche os engulle.
Ya en el piso, te resistes como un gallo de pelea. Su beso te supo a puro etanol y a despedida. Ella, medio ebria, te miró asustada. Estabas frío como un cadáver. Los esfínteres dilatados. Retiró sus manos de tu pecho y asomó el asco en su rostro. Una pizca de lloro brotó tras la comprensión de que eres un disminuido sexual. Little bastard. Otro macho cabalgará su grupa.
Te desea buena suerte, no hay maldad en su adiós.

En tu recuerdo, la cuna arde.
Hoy, todo gira en torno a saber cuando te has de inmolar; en qué momento, en qué lugar.
Duérmete niño, cinco lobitos, arre caballito, estaba el señor Don Gato, Mambrú, tengo una muñeca vestida de azul… Fuck you.



3) Tu huella

Simplemente soy yo. Con mis cosas buenas y todo lo malo que pueda tener. Con el alma hecha pedacitos esperando recomponerse pero sin encontrar la forma.
Ahora solo me queda esperar. Dejar que pasen los días y que éste dolor que tu adiós me ha dejado forme tal parte de mi vida, de mí día a día, que ya deje de sentirlo como tal, y hasta puede que llegue a tomarle cariño.
No dejo de pensar en tus manos. No dejo de pensar en tu boca, ni en tus palabras.
Te supiste vender muy bien, pero cuando llegó la hora de demostrar lo hombre que eras, el niño que hay en ti salió corriendo y creo que después de todo éste tiempo, aún no ha dejado de hacerlo.
Huir es lo más fácil para todos, y que sepas, que aunque no te guardo rencor, tampoco puedo recordarte con todo el cariño con el que debería.
Me duele la piel si pienso en ti, y ardo en deseos de ti. En muchas ocasiones me gustaría salir corriendo en tu busca,  mirar tus fotos,  leer tus cartas, pero ahogarme en el pasado no es la mejor forma de saciar ésta ansiedad que me dejó tu ausencia.
Intento todos los días levantar la cabeza, dibujar una sonrisa en mis labios, y hacerle creer al mundo que todo va bien, pero si de algo te ha servido el tiempo que hemos pasado juntos, es para saber que no es así.
Que te echo de menos, más que a nada y a nadie.
Que no hay día que no pase sin que tu nombre venga a mis labios y no pueda evitar pronunciarlo con una tristeza alegre en mis ojos.
Que no marco sola el caminar de mis pasos, sino mis pies buscan escenarios compartidos para recrear esos momentos a sabiendas de que recordar duele.
Y es que, como ya te he dicho, yo, soy simplemente yo, y no me puedo negar a mi misma tu recuerdo.
Aunque pensar en ti, no hace que todo se ensombrezca para mí, ya que son muchas las risas que me has robado, y otras muchas las que te regalé y que aún hoy recuerdo con cariño.
Son muchas las canciones que hemos compartido y que canto una y otra vez con una única imagen en mi cabeza…
Quizás nunca nadie lea esto, pero antes de nada, o mejor dicho, antes de todo, quería dejar constancia de lo que has sido para mi, y de lo que ha significado perderte.

A partir de mañana haré el firme propósito de no pensar más en ti. De ocultarme a mi misma lo que aún te amo, y abrir mi corazón al resto del mundo, para que así, éste dolor pase a segundo plano.
A partir de mañana, tu nombre quedará prohibido para mis labios.
A partir de mañana, mi piel dejará de sentirte y el deseo que por ti siento deberá desaparecer.
A partir de mañana, necesito que dejes de existir
Pero todo eso a partir de mañana… por eso hoy decidí he decidido vomitar éstas letras para empezar a limpiarme de ti.



4) Nada

Los garabatos que trazo
Nunca te dirán lo que significas para mí,
Ni los susurros que escribo en pretendida poesía
Tampoco te lo dirán.

Superas al fuego y a la lluvia
Al amor y al dolor,
Las palabras son demasiado simples
Para explicarlo.

No hay primavera comparada
Con las que florecen en tus ojos,
Los sabios revelan su ignorancia
Cuando tratan de hallar una respuesta a ello.

Desbordas a la tierra
Porque eres la raíz,
Y los ruiseñores enmudecen
Al contemplar toda tu belleza.

Los océanos no son lo bastante profundos
Para ahogar mi sentimiento,
Ni las montañas lo bastante altas
Para mostrarlo al mundo.

Nada significa nada sin ti,
Eres eternidad y redención
Y la razón de mi vivir,
Porque lo eres todo
Para mí.



5) Segundas partes nunca fueron buenas

- Vamos Miguel, ¡que será todo un bombazo!
- No, si eso ya me lo imagino. Pero ya sabes lo que opino de las secuelas: las aborrezco. Una historia debe tener un comienzo, un desarrollo, y un final. Usar los mismos recursos una y otra vez, por mucho que agraden a los lectores, es no tener ganas de trabajar. Un escritor con talento debería saber ofrecer lo mismo pero con diferentes envoltorios. De otra forma ya no es un artista; es un mercenario de las letras. ¿Qué es lo que me quieres pedir? ¿Una saga completa?
- Miguel, Miguelitooooo…. ¿Pero te has parado a pensar siquiera un momento? Tu obra ya es Historia, eso nadie te lo va a quitar. Todo un veterano de guerra, con tanta vida a tus espaldas… con tu pluma has sacado punta a todas las mediocridades de nuestra actual sociedad, te has metido con todo y con todos… la burocracia, la ficción incontrolada, la hipocresía moral, la realeza… ¡hasta con la iglesia! ¡te has burlado de la iglesia, Miguel, y la gente te adora!

El escritor se alejó, pensativo, hasta la parte central del salón. A pesar de habitar casi en pleno centro de la ciudad, la multitud de velas que iluminaban la estancia le daban un aspecto más cálido y acogedor. De espaldas a su interlocutor, el escritor respondió.

- No estoy seguro. Ya sabes como trabajo, me da miedo insistir sobre un tema que ya he dado por zanjado y acabar aburriendo a los lectores. ¿Cómo continuar una historia cuando en mi cabeza ha terminado tan claramente?
- Vamos, por favor… Ya sabes que eso nunca ha sido un problema. Si el protagonista sigue vivo al terminar la novela, nunca ha habido problema en continuar. Y si se muere… puede continuarla su compañero, esposa, familia, amigos… Maldita sea, Miguel, ¡si es necesario hasta se le resucita por arte de magia! Parece mentira que hayas leído tanto y no veas esto...
- Me sabe mal decirte que no, ya lo sabes, pero se supone que tu tarea es vender mi trabajo, y no decirme en qué debo trabajar.
- ¡Y ya creo que vendo tus obras! Tengo el negocio saturado sacando copias y mas copias de la tuya, han llegado peticiones de traducción de todas partes de la cristiandad, la gente quiere mas aventuras del protagonista, y tú te niegas.
- …pero…
- Y la gente tendrá sus aventuras, Miguel. Aunque tú no las escribas… Tal vez hayas oído que están copiando tu estilo…

El escritor ya no pudo disimular por más tiempo. También había escuchado esos rumores acerca de escritores noveles que imitaban, si no directamente copiaban, su creado género literario. Algunos incluso usaban sus personajes directa o indirectamente, con la intención de atraer compradores potenciales. En realidad, hacía tiempo que se había rendido y decidido a escribir una segunda parte, pero no quería, no podía confesarlo de forma tan clara.

- Está bien, lo pensaré. Lo intentaré. Pero no te prometo nada.
- ¡Para mí eso es mejor que un contrato firmado, amigo! Gracias por haber entrado en razones… Me voy que ya se me hace tarde. Seguimos en contacto, ¿eh? Hasta pronto…

Al marcharse, el escritor caminó decidido hasta el atril donde solía escribir en sus momentos de inspiración. Se acomodó, mojó la pluma en su desgastado tintero, y comenzó a escribir las palabras que había estado madurando durante los últimos días…

“Cuenta Cide Hamete Benengeli, en la segunda parte desta historia y tercera salida de don Quijote, que el cura y el barbero se estuvieron casi un mes sin verle, por no renovarle y traerle a la memoria las cosas pasadas; pero no por esto dejaron de visitar a su sobrina y a su ama...”
                                                 


6) Momentos cruciales

Hay escenas que por veces que las veamos no dejan de emocionarnos como la primera vez que la vimos. Puedo ver hasta diez veces seguidas la escena donde Francesca y Robert se ven por última vez bajo la lluvia en Los puentes de Madison. Podemos identificarnos con ella en ese momento tan crucial donde tiene que elegir si dejarse llevar por un amor lleno de pasión o por un amor sensato. Vivir la vida como su carácter le hubiera gustado vivir o no hacer daño a un buen hombre, que dentro de su torpeza, la ha querido a su manera.

Meryl Streep borda este personaje, una mujer con gran carácter y sueños que se conformó con lo que la vida le permitió hacer. Que guardó sus sueños en un cajón por el amor  hacia su esposo e hijos, y no lo hizo con amargura sino con la convicción de que era lo que debía hacer. Hasta que llegó él, ese hombre con tanto mundo vivido que le revivió sus sueños enterrados de otra vida posible por vivir.

Ese momento crucial, esos segundos eternos, de ella dentro del coche con la manilla de la puerta en la mano, a punto de saltar del coche. De dejar atrás una vida sosegada y segura pero sin las emociones que su alma necesita para sentirse viva,….uf… es sublime.

Y ese hombre que nunca había necesitado a nadie, esperándola con el alma en vilo a que ella se decida a irse con él, poniéndole la cruz que ella le regaló como intento de tirar sus muros de indecisiones y que corriera hacia el coche….. inigualable.

Esos pequeños gestos que te llenan de emoción, son los que hacen grande a una película. Esas pequeñas historias de grandes momentos en la vida de cualquier persona, las hace imborrables para cualquier aficionado al cine, porque son tan reales, con sentimientos tan auténticos que traspasa la pantalla y nos toca la piel, grabando en nuestra memoria cada pensamiento vivido mientras la veíamos, como si esos sentimientos fueran nuestros, porque por un espacio de tiempo hemos sido Francesca y Robert.

Aun espero a que Francesca termine de tirar de la manilla, abra la puerta y corra al coche de Robert y se vayan juntos para vivir una vida  llena de emociones, que le hagan sentir a Francesca estar plena y no vacía como hasta entonces.



7) Planes que no esperas

La vida tiene planes que no esperas. Puedes cruzar tranquilo una calle con tu semáforo en verde y que un conductor te arrolle, o sentir un pequeño dolor en el costado y que un médico te anuncie que te mueres. Tiene planes no escritos. Un día estás bien y al otro simplemente, no estás.

Se llamaba Luis Guerrero Martín y estaba... bien. Trabajaba en una fábrica de piensos, llevaba una vida normal. Cada martes y cada jueves iba a tocar el bajo con su grupo de rock. Sonaban a lata, a muchos instrumentos tocados a la vez con un cantante berreando canciones que ni ellos mismos entendían. Pero se sentía orgulloso de lo que hacía.

Esos días, su novia Eva le esperaba en el Art con sus amigas, un garito al que ellos solían acudir. Sin embargo, aquella tarde/noche Eva cambió los planes y quedaron en el Marley; le envió un sms, que recibió indiferente.

Al salir del ensayo se abrigó bien; se protegió del frío del norte, subiendo las solapas y se dirigió a aquel bar. Apenas se veía su cara, camuflada entre los oscuros ropajes.

A unos cientos de metros de distancia se hallaba un hombre, también de oscuro. En el suelo que él pisaba habían varias colillas. Hacía tiempo que esperaba. Vio acercarse a Luis por la acera contraria y dio su última calada. Después tiró la colilla y la pisó.

Esperó a que rebasase su posición y salió de su agujero; cruzó la calle y se puso detrás de él. Luego aceleró el paso. Luis no se percató de su presencia, sumido en sus pensamientos.
El hombre se colocó a la par y súbitamente sacó una pistola. Disparó. El tiro le entró por un lado de la cabeza y le salió por el otro, destrozando también el escaparate de una tienda de fotografía. El cuerpo de Luis chocó contra la valla de aquella tienda antes de caer.

En el cristal quedaron restos de sangre y sesos. Quedó muerto en el suelo y su agresor siguió su paso, tranquilamente.
No hubo mensajes en el móvil de Eva aquella noche diciéndole que la quería, no hubo nada.

Dos días después, el móvil sonó en el hotel de aquel asesino.
- Guerrero sigue vivo - dijo una voz -.
- Es imposible - contestó -; le disparé a bocajarro.
- Te equivocaste de objetivo.
- ¿Que? Era idéntico al de la foto.
- Era su hermano.

Felipe Guerrero Martín era un tipo descuidado; un poco bocazas. Si todo el mundo sabía que andaba en cosas sucias es porque él mismo lo aireaba.
Siempre cogía la misma ruta desde su casa para ir al Marley, donde iba todas las noches. Su hermano Luis había dejado de ir para no verlo. Era un tipo de costumbres; sin embargo esa noche no fue.

Su madre le había enviado a recoger a su hermano porque se sentía indispuesta y requería atenciones. No se fiaba de su hijo mayor. Y Luis, tocando el bajo había apagado el móvil.
Sin embargo, cuando llegó Felipe, el local estaba vacío y volvió sobre sus pasos, maldiciendo por tener que cuidar de lo que el llamaba su 'vieja'.

Aquella noche se derramó sangre inocente. A veces hay cosas que no se pueden evitar, encontraron el cuerpo de Felipe en a miles de kilómetros de donde cayó su hermano, al otro lado del
mundo, en una carretera comarcal de Colombia.

Su camisa estaba cubierta de sangre y tenía dos disparos en el rostro, el que seguramente lo mató y el de gracia, por si acaso.

La vida tiene planes que no esperas; un día estás y al otro, simplemente no. Otras vidas sin embargo transcurren por angostos caminos y un único destino final, su tiro de gracia. Cuestión de tiempo.



8) Libre

Por fin le habían dado la razón. Él no había hecho nada. El atraco al banco había sido cosa de otra persona, el guardia de seguridad no había resultado herido por su arma… entre otras cosas porque nunca había tenido una.

Claro que la absolución llegaba un poco tarde. Once largos años había pasado entre rejas, en una celda que, más que el sucio agujero que se veían en las películas, se parecía a un aséptico hostal. Compartiendo patio con asesinos, ladrones y unos cuantos que también decían que eran inocentes. Intentando llenar el tiempo con las actividades de prisión, evitando así tener demasiado tiempo para pensar.
Pero eso se iba a acabar. La Policía había detenido a un ladrón que casualmente tenía la pistola usada en “su” atraco, por lo que habían tenido que reconocer su error.
Su abogado le decía que esto le daría una buena suma como indemnización. Y oye, aunque el dinero no era importante para él, lo necesitaría para volver a empezar.
Al día siguiente iba a salir libre.
Libre.
Libre. Qué hermosa palabra, sobre todo para el que la ha perdido alguna vez. La mayoría no tiene conciencia de su auténtico significado, no valoran lo que significa respirar el aire de la mañana, ir a pasear por el parque o tomar unas cañas con los amigos. Para la mayoría, la libertad la dan por descontada.
Empezó a pensar en todas aquellas cosas que no había podido hacer en los últimos once años. Se sentía feliz porque, por fin, iba a poder hacerlas. Recuperar su vida ahí donde la había dejado.
Claro que no sería fácil. La distancia enfría las relaciones, y no sabía muy bien cómo le recibirían familiares y amigos. Pero confiaba que con un poco de tiempo las cosas volvieran a como eran antes. Tendría que buscar un trabajo, aunque con la indemnización no era demasiado urgente. Tendría que acostumbrarse a las nuevas rutinas, a los nuevos horarios. A vivir de otra manera.
Le daba un poco de miedo. Llevaba tanto tiempo allí, que casi era todo lo que recordaba. La cárcel era demasiado real, y el mundo exterior se asemejaba más a los bosques de los cuentos de hadas o el País de las Maravillas.
Pero el miedo era lo de menos. Al día siguiente iba a adentrarse en ese mundo extraño, aunque prometedor.
Aquella noche apenas pudo dormir. Los minutos pasaron lentos, muy lentos.
Por fin amaneció. Recogió sus cosas, esperó pacientemente a que el funcionario viniera a buscarle, y juntos pasaron por control, para recoger sus cosas.
Tenía la puerta ante él. El vigilante pulsó un botón y la puerta empezó a abrirse. Comenzó a caminar hacia la salida, lentamente, disfrutando del momento y la emoción. Por fin cruzó la puerta.
Se detuvo antes de llegar al coche de su hermano. La puerta se cerró a su espalda.
Era libre.



Y ahora… ¿qué?




9) La vida desde un punto de vista triste

Cuando nacemos o después cuando somos unos pequeños bebés no nos enteramos mucho de las cosas.  ¿Quién tiene un recuerdo mental de cuando tenía cinco meses?  Nadie.
Cuando tenemos seis o siete años, si tenemos recuerdos, pero son tristes ya que o bien queremos ser más mayores o bien que nos traten como a un bebé.  Nos resulta incómoda esa posición intermedia.
Y qué decir de la adolescencia !!    Todo son problemas, odios, disputas…
Por fin ya somos unos jóvenes que hemos superado la adolescencia…, pero vaya;  no tenemos trabajo, no tenemos dinero, y para colmo hasta perdemos a nuestro amor.
A partir de los treinta años, la cosa debería de estabilizarse ya que por suerte tenemos trabajo y algo de dinero.   No te has casado con el amor de tu vida, pero… eres relativamente feliz.    Feliz hasta que sin darte cuenta tienes dos hijos que te hacen pasar todo lo malo que tu has vivido anteriormente.   Y ahora, visto desde aquí, todavía es más duro…
Pasas unos amargos años hasta que tu edad ya empieza por cinco y te empiezan a doler cosas que ni sabías que existían en tu cuerpo.
Tus hijos te han chupado todo;  la salud, el dinero… y sin darte cuenta eres un viejecito en silla de ruedas en una fea residencia de ancianos…



10) Adiós

Como quiera que justo en el momento que nos decían que el último tema del concurso de bloggers era libre, se produjo el fallecimiento de mi madre, voy a aprovechar el espacio para hablar un poco de ella. En realidad no tengo gana de escribir y no puedo pensar en otra cosa. No se me ocurre ni un solo tema sobre el que escribir. Y sé que se enfadaría si me expulsaran del concurso en el último momento por no escribir el último relato por no estar concentrada en nada. Sé que no va a ser ni siquiera un relato bonito ni nada parecido porque no tengo la cabeza despejada. No recuerdo que me doliera tanto desde hace meses. Estoy tan aturdida... Como todas las madres-supongo- tuviste cosas buenas y cosas malas. Como todas las hijas –supongo- en ocasiones me fije más en estas últimas que en las primeras. Afortunadamente la vida nos concedió unos últimos momentos de tregua, de mirarnos en paz, pasando por encima de muchas cosas y quedándonos con lo importante, estableciendo las prioridades con el corazón. Parece increíble que hace unas horas me despidiera de ti como si fuera a volver a verte en unos instantes: “bueno mami, que me ya voy, el jueves estoy aquí, pórtate bien” mientras te daba un beso. El ultimo. A partir de ahí, el jueves, el caos, la pesadilla, el aturdimiento. La llamada comunicando, estallar en llanto, los tramites, los ritos, los abrazos y el consuelo de la gente (que nunca podre agradecer lo bastante), el adiós… Podría recordar todo ese magma de cosas inconcretas por el shock, pero prefiero recordar aquellas que siempre nos hicieron reír o sentir bien, las cotidianas: las frases geniales, las comidas insuperables, las bolsas de chuchillas siempre preparadas para los nietos, tantas cosas que ahora soy incapaz de recordar… Y del último momento me quedo con las risas con mis hermanos, unidos aun más que nunca, mientras te lanzábamos al viento y en un amago inesperado de la brisa en la que querías sentirte envuelta para siempre, reprodujiste esa escena de “El gran Lebowski” con la que habíamos bromeado momentos antes. Sé que esas risas son lo que hubieras querido en ese momento y me siento feliz de haberte podido despedir de esa forma. Un beso para siempre mama.



11) Adiós, tristeza


Levantó la mano para despedirse aunque sabía que él ya no miraba.

Su primer impulso fue correr tras él pero se resistió, no debía dejarse llevar por el momento, debía dejar que le recordara así, como ahora, rota pero serena, fuerte, perfecta.

Como si fuera una película de los años cuarenta, sus ojos acompañaron al vagón mientras se alejaba, consciente de que hasta un fotógrafo aficionado hubiera sido capaz de captar en blanco en negro la intensidad de sus sentimientos.

Se quedó allí, de pie, inmóvil, en medio de un andén lleno de pasajeros que arrastraban sus maletas y se ponían los abrigos y bufandas. Ya hacía frío. Y pensó que abrocharse el abrigo hasta el último botón y hundir las manos en los bolsillos le daría a su imagen ese toque dramático a lo Doisneau que tanto le gustaba.

Era la imagen fija perfecta para la portada de un best seller: una estación de tren abarrotada, con una coreografía perfecta en constante movimiento pero que quedaba en un segundo plano. El movimiento no importaba porque su presencia paraba el tiempo.  Ella era la protagonista.

Siguió inmóvil porque sabía, SABÍA, que habría decenas de ojos apreciando la belleza de su silueta reinando en la estación de tren. Notaba las miradas de compasión, de simpatía, notaba la comprensión de los desconocidos que se cruzaban con ella, lo veía en su cara. Una sonrisa estuvo a punto de traicionar la estampa, pero supo contenerla a tiempo y nadie se dio cuenta.

El frío amenazaba con estremecerla y romper la perfecta imagen que había construido así que se volvió lentamente, para dar a su público una última muestra de su grandeza. Con la cabeza bien alta y una ligera mueca de dolor, abandonó el andén 1. Todo había sido perfecto.

Bueno, casi perfecto. Lamentó el imparable avance del progreso. Los trenes de ahora no son como los de antes, pensó, todo hubiera quedado mucho más triste con una locomotora humeando el adiós. Y siguió andando, con dignidad, con entereza.

El altavoz anunció la salida de un tren y, por un momento se le iluminó la mirada.

Se dirigió hacia el andén 3 y buscó a un desconocido cualquiera para despedirse de él y desearle buen viaje en silencio. Construyó de nuevo a una mujer sola y triste despidiéndose de su amado. Volvió a convertirse en la imagen fija perfecta para la portada de un best seller.



12) Sit tibi terra levis

Tiene frío, tiene miedo, sabe que hoy puede morir.

Siente el bullicio a su alrededor, y el vino mezclado con agua en su estómago, le reconforta. Recuerda sus últimos días en Roma pero no los echa de menos, a fin de cuentas es mejor la vida de soldado que terminar apaleado como un perro en cualquier rincón del Subura, el barrio más populoso de Roma. Allí, en sus estrechas calles, donde se hacinan los más miserables, los matones y las meretrices, allí, donde brillan los puñales en cada tabernae y donde se escucha blasfemar en mil lenguas a los esclavos traídos de todos los confines de la república, se crió sin una familia, sin una madre, sobreviviendo como un ratero esquivando las cuchilladas del hambre. Vivo o muerto no piensa volver jamás, es un buen pensamiento, eso hace renacer la esperanza dentro de él, o puede que sea el vino o puede que sean los primeros rayos de sol que acompañan al alba.

No se arrepiente de haberse alistado en las legiones, huyendo de su pasado y del hambre, aunque fuese como un miserable soldado auxiliar, eso es lo de menos, no quiso matar a ese hombre pero ya es tarde para arrepentimientos, está seguro que es mejor morir en combate que crucificado, y sabía que si le atrapaban iba a ser crucificado. No le importa ser poco más que escoria para el legado que, con cara de desprecio, les da las últimas órdenes a lomos de su caballo, ¡estúpido niño barbilampiño! Le devuelve con frialdad la mirada mientras que una oleada de orgullo es bombeada por su corazón, tiene miedo pero al mismo tiempo está deseando demostrar su valía en el campo de batalla. Repasa con detenimiento su armamento, mira la jabalina, acaricia el filo de su espada corta, el gladius, sabe perfectamente lo que tiene que hacer con ambas a pesar de llevar poco tiempo alistado, él es un matón de la calle y no ha necesitado mucha instrucción para aprender a sobrevivir entre los soldados.

Los toques de las cornetas le devuelven a la realidad, ya es completamente de día y el general les ordena formar, si hay suerte hoy el enemigo les presentará batalla. Mientras alcanza su puesto entre las primeras filas piensa en la guerra y no se asombra al llegar a la conclusión de que no la entiende, no sabe por qué lucha y no siente ningún tipo de odio o rencor contra sus enemigos. Las razones de la guerra son de otros, piensa, él solo se contenta con sobrevivir a un nuevo día y llevarse su parte del botín, al pensarlo esboza una sonrisa, el general siempre es generoso con quien le sirve bien. Cuando por fin alcanza su posición se sorprende ante el sentimiento de excitación que le provoca verse cara a cara con la muerte, si sobrevive se promete gastar algún as con aquella muchacha siria que como muchas otras sigue a las legiones en búsqueda de fortuna y mejor vida. Si consigue que le licencien con un pedazo de tierra se casará con ella.

A pesar del frío comienza a sudar, vuelve a sentir miedo, desde su posición en lo alto de la colina puede ver los millares de bárbaros formando, parecen enormes, parecen fieros, por supuesto que no disponen de su equipamiento y de su formación pero aun así son peligrosos. Repasa con su mirada el horizonte y queda aterrado cuando sus cuentas mentales le dicen que son inferiores numéricamente al enemigo por lo menos tres a uno. Sin embargo el general nunca ha sido derrotado y eso le hace sentir mejor. El terreno para plantar batalla es bueno, despejado de obstáculos para que las legiones puedan maniobrar sin problemas y decididamente cuesta abajo, sí, es un buen terreno para combatir, además tienen el sol a su espalda y los germanos llegarán al choque ciegos y extenuados. Agarra con fuerza la jabalina al sentir gritar con furia a los guerreros germanos, su respiración se acelera al escuchar el estruendo que provocan al salir en estampida corriendo hacia ellos, la tierra al temblar le hace recordar a Anibal y a sus elefantes aunque nunca los ha visto, no puede evitar sentir una gran admiración al pensar en los soldados que se enfrentaron a ellos.

Ve a los germanos acercarse mientras que con el rabillo del ojo observa las primeras escaramuzas de las unidades de caballería por los flancos, dependen de esa caballería para alcanzar la victoria y los germanos son excelentes jinetes, no lo tiene claro. Y los germanos siguen avanzando, ya casi puede ver sus rostros, el legado jura por Marte que destripara él mismo al primero que lance una jabalina antes de tiempo, para no tener barba tiene coraje el niñato. Levanta el brazo, bascula la jabalina y escucha la orden de arrojarla, lo hace con todas sus fuerzas para seguirla con la mirada hasta ver como atraviesa la garganta de uno de sus enemigos. Pero no tiene tiempo de celebrarlo. Con rapidez sujeta su escudo y su espada tratando de dejar el menor hueco entre sus compañeros de los lados.

Aprieta sus pies contra el suelo mientras siente el calor de su propia orina recorrer sus piernas, el choque es brutal, un calambre recorre el brazo que sujeta el escudo a la vez que retrocede medio metro. Nota el olor del primer enemigo a tan solo unos centímetros, pero no le ve, siente como le comprime contra las filas traseras que, afortunadamente, no ceden terreno, es momento de reaccionar. Busca los huecos entre los escudos y comienza a acuchillar, al principio al vacío, toma aire y localiza de nuevo a su presa, vuelve a lanzar el brazo y esta vez encuentra su objetivo, nota chocar la punta de la espada con los huesos del germano y como va desgarrando los tejidos cuando trata de sacarla.

Repite el gesto mecánicamente hasta que el legionario de al lado cae entre alaridos de dolor, un nuevo compañero ocupa rápidamente su puesto, pero para él ya es demasiado tarde. Uno de los germanos, aprovechando el espacio, ha lanzado su espada contra su muslo y le ha alcanzado. Nota como esta vez las que se abren son sus carnes y como la sangre fluye a borbotones hasta dejarle sin fuerzas para seguir luchando. Sabe que su batalla ya ha terminado, aunque afortunadamente no está muerto. Nota como le arrastran a la retaguardia mientras que unos auxiliares tratan de hacerle un torniquete llamando a voces a uno de los médicos. Entra en un duermevela mientras piensa en su futura casa en Hispania, y en los ojos de la muchacha siria de la que no recuerda su nombre, nunca se lo ha preguntado.

Y ya no tiene frío, ya no tiene miedo, ya no siente nada.

5 comentarios:

Mae dijo...

Para romper el hielo, y porque llevo un tiempo callada, voy a ser yo la primera en comentar.
Me da penita que ésto termine...
Han sido muchas semanas pendiente de un correo... de si llega a tiempo el mail con el texto, o de recordar a los mas rezagados que el tiempo se les venía encima...
Quiero mandarle a mi compi del alma, Bea un besazo y darle las gracias,porque sin su ayuda, su gran ayuda su empeño y sus ganas, ésto no hubiese salido adelante.. Ayyy!

Ahora que todo está a punto de terminar, se que voy a echar de menos éste rinconcito, y espero que pronto, muy pronto, nos volvamos a ver "las caras" en éste mismo sitio, os parece??

GRACIAS A TODOS, DE CORAZÓN. A LOS QUE NOS HABÉIS ACOMPAÑADO HASTA EL FINAL, Y A LOS QUE, AL MENOS, LO HABÉIS INTENTADO.

Besos. XD

glaukilla dijo...

Un besico pa las dos. Ya teneis mis votos enviados. Suerte y .. ¿hasta otra?

Eingel dijo...

Y con mis últimas votaciones doy por finalizada mi participación en el concurso

Muchas gracias.

Besoooooos

Soundtrack dijo...

Snif, snif... pues nada, ya he cumplido... Ahora, la gran pregunta. ¿por fín podremos saber qué relatos han sido los mas votados en toda la presente edición? ¿O nos tendremos que conformar solo con sus excelentes autores? :)

Sil dijo...

Por lo que a mis relatos respecta, yo los voy a ir colgando de uno en uno en mi blog a partir del jueves. Creo que, de todos modos, se harán públicos aquí (la relación autores-textos más votados), pero independientemente de eso, yo opto por publicarlos en mi blog.

Por otro lado, el jueves os diré más, pero para aquellos que se hayan quedado con ganas de escribir más... o que prefieran dejar el teclado para coger la cámara de fotos, hay otro concurso en marcha.

Gracias a todos por haber estado ahí hasta el final, ha sido un placer concursar con vosotros ;)

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