jueves, 23 de septiembre de 2010

Río arriba

-¡Hola! ¿estás ahí?
-Sí, ya estoy... estaba zampándome el postre :P ¿Cómo estás?
-Bieeeen... con ganas de pillar ya mis vacas, jajajaj  Además termina el verano y con todo lo que me he quejado, ahora me da pena porque llueve y demás...
-No hay quien te entienda, el caso es quejarse :P 
Uy, pues que sepas que con esa manía tuya de irte de vacaciones al revés que todo el mundo me has inspirado para el nuevo tema, eh...
-¿Ah sí? ¿por inconformista?
-No, por rarita xD  A ver qué te parece este: A CONTRACORRIENTE.
-¡Me gusta! Es muy abierto, creo que es el que más juego da de todos los que propusimos.
-Sí, y además este tema puede tomarse como algo positivo y negativo, optimista y pesimista... vamos, a gusto del consumidor, jajajaj
-Si, sí... ¿y gorrino también vale?
-También, aunque me da la impresión de que no ha sido el tema estrella del concurso :P
-No. Dejémonos que se ha notado que la gente no se inspira mucho en esos temas...  
Pasemos sin más preámbulos al ranking de las últimas votaciones:


1)- Sil, con 26 puntos
2)-Segolene, con 25 puntos
3)-Albret, con 17 puntazos
4)-Empate entre Glaukilla y Roxanne, con 14 puntos cada una
5)-Otro empate entre Rombo y Whitehorse, cada uno con 9 puntos.






-Han estado bastante reñidas, por lo que veo. ¡Doble empate!
-Mucho; la calidad de los concursantes que quedan es grande. 
-Pues nada más, chic@s, sólo recordaros que tenéis hasta las doce de la noche del día 6 para enviarnos vuestros textos... ¡que ya son los penúltimos!
-Mucho ánimo a todos los participantes. Ahora me voy a descansar un rato, que estoy hecha polvo.
-Sí, sí, vete ensayando para tus vacaciones, petarda, jajajaja
¡Hasta pronto!






QUINTO TEMA: A CONTRACORRIENTE

jueves, 16 de septiembre de 2010

Sex 2.0

-¡Hola Mae! ¿Estás?
-¡Hola! Un seg...


.... 5 min después y medio biofrutas finiquitado por mi parte...


-¡Ya! Es que estaba viendo la repetición del Hormiguero de ayer, jajajaj
-Quéfumepar, me dejas por la tele :P Bueno va, cuéntame cómo estás viviendo el final del verano.
-Pues muy bien, que ahora empiezo yo las vacas :D Eso sí, esta semana está la cosa ACALORADA por aquí, eh...
-Jajjaaa eso parece, que nos han entrado a todos unos sofocos...
-¡Dímelo a mí!
-Ostras, ¿tú tienes sofocos? ¡Mira que lo pongo en el post!
-Mala... jajajj... Sofocos pero de agobio, conste. Bueno, vamos al lío. ¿Has leído los relatos de esta semana?
-Uf, sí. Y he de confesar que, en general, me ha sorprendido el tono pesimista de los autores: la mayoría ha presentado el ciber-sexo como algo solitario, triste, gris, depresivo, prohibido...
-¡Es que es triste!
-¡De eso nada! Yo creo que es una forma más de jugar, no sé. Todo depende de la actitud de las personas, de cómo lo utilicen. Yo creo que el que se siente solo se siente solo haga lo que haga, y que el ciber-sexo puede ser divertido para determinadas parejas y situaciones :P
-Pues yo no lo necesito, jajajajja Un seg, teléfono.
-xDD Claramente pasas de mí hoy, anda, anda. Bueno, pues pasemos a colgar los textos gorrinos, que deben estar impacientes todos.
-Ya estoy. Os recordamos que tenéis una semana para votar, exactamente hasta el miércoles 22 a las doce de la noche, ¿ok?
-Un besazo y que disfrutéis de la lectura. Pillad los abanicos ;)
-¡Hasta pronto!






1)Messenger
-Tengo mucho calor.

-Yo no, la verdad es que estoy muy bien
-No te jode… como que vives en la montaña. Pero yo estoy en el centro de Madrid… y estamos casi a cuarenta grados.
-¿Cuarenta?
-Si… tengo la camiseta empapada en sudor.
-Si te molesta… quítatela.
-Je, je, je… Alberto… ¿no puedes pensar en otra cosa por una sola vez?
-Es que… el fútbol no me interesa.
-Sí, claro, eso será… en fin
-¿Qué?
-Estoy cansada, agobiada. Me gustaría desaparecer al menos unos días.
-Vente aquí. Es un lugar agradable, fresco y muy tranquilo. Te sentaría muy bien.
-Ojalá pudiera. Me encantaría, pero ya sabes los líos que tengo por aquí. Me resulta imposible conseguir los días necesarios para hacerlo.
-Una lástima, la verdad. Este paraje es de ensueño. Te llevaría de excursión por los alrededores, podríamos hacer meriendas campestres y, si quieres, hasta aprender tareas del campo.
-Suena muy bien. Respirar aire puro, dejar de escuchar los ruidos de la ciudad, olvidarme de todo, tumbarme en la hierba por la tarde para descansar y por la noche para mirar las estrellas…
-Laura…
-?
-Nada, simplemente… estaba imaginándote tumbada en la hierba, de noche, mirando las estrellas… y yo a tu lado, disfrutando del momento
-Me parece que no estás pensando en las estrellas tú.
-¿Sinceramente? Prefiero verte a ti. Admirar tus ojos fijos en el infinito, tu cuerpo en horizontal, tu rostro relajado, tu pelo suelto sobre el césped. Es el mayor espectáculo de la galaxia.
-Gracias…
-Si te tuviera así… no podría evitar darte un largo beso…
-Je je je
-Y mientras te beso, bajar la mano por tu cuerpo, para acariciarte…
-Mmmmmm
-…recorriendo tus curvas por encima de la ropa, antes de empezar a quitártela poco a poco. Y conforme te voy despojando de ella… ir bajando los labios para besarte el cuello… y seguir bajando hasta los pechos.
-Me gusta
-Mi mano siempre un poco más abajo que la boca… la lengua está llegando al ombligo, y la mano ya está bajo el vientre, llegando a tu sexo…
-Me están entrando los calores
-Mientras lo acaricio… la lengua sigue bajando… está llegando a su destino. Cuando llega… entra sin miedo, buscando tu humedad.
-A estas alturas debes tener un buen bulto entre las piernas…
-Algo de eso hay, sip.
-Quiero verlo, quiero quitarte los pantalones y la ropa interior. Quiero cogerlo con mis manos, acariciarlo. Besarlo, llevarlo a mi boca. Dejar que crezca ahí dentro, mientras siento como late.
-Me encantaría…
-Y después de eso, quiero tumbarte sobre la hierba, para ponerme encima de ti y dejar que entre dentro de mí. Sentirlo ahí dentro, su calor y su movimiento, hasta que ambos lleguemos al climax.
-Si… me encantaría.
-¿Te gustaría seguir?
-Naturalmente.
-Pues espera. Vamos a poner la webcam.




2)Cuanto tarda este maldito ordenador en encenderse últimamente


Cuanto tarda este maldito ordenador en encenderse últimamente” piensa mientras termina de escoger nerviosamente la ropa interior que va a ponerse. Le gusta que él se la quite, o le pida que lo haga y se escalofríe mientras se la imagina. Mientras ella se escalofría de imaginárselo. Hoy ha escogido un pequeño picardías transparente negro, que permite intuir sus pechos y ver su sexo suave. Piensa pedirle que se lo desabroche poco a poco, sin prisa, hasta dejarla desnuda, preparada para su abrazo.


Quiere estar perfecta y preciosa para él como todos los días. Quiere que la desee al otro lado de la pantalla, que se derrita de placer, que la suplique que lo siga llevando al máximo, que le pida “por favor, no pares” (hummmm, cómo la excita esto), o le diga roncamente que esta a punto de estallar. Quiere que se la coma a besos, que la susurre en el oído lo que la desea, quiere notar cómo brota la humedad entre sus piernas mientras sus manos recorren su cuerpo lentamente. Quiere sentir como él también se derrite en humedad, que su cuerpo se aturde de placer con cada una de las palabras que se intercambian. Quiere que hoy también las paredes de su casa recojan y participen de los gemidos y los sonidos del placer que comparten

Al fin, el sonido de nuevo correo. ¡Ahí esta! Solo con escuchar ese sonido, un escalofrío recorre su cuerpo. Siente como un beso le acaricia el cuello y le susurra “buenos días… tengo ganas de ti, me apeteces”. Devuelve el beso con uno -casi un mordisco- en el cuello que le dice “yo también te deseo… Tanto… ¿vamos?

Los dedos parecen tomar vida propia…. Lo imagina tan hermoso delante de ella, con ojos aturdidos por el deseo, con esa boca que la sonríe y la besa con esa pasión que la humedece, que es fácil imaginar el resto. Sus dedos temblorosos empiezan a convertir su imaginación en mensaje.

Amor, imagino... que estas delante de mi sobre la cama. Nos acercamos, nos abrazamos y nos recibimos con un beso de nuestras bocas... y empezamos a besarnos lenta, dulce pero intensamente... Nuestras lenguas se lamen, se rozan, se acarician. juguetean, se enredan y enroscan entre si... hummm, estoy ardiendo… abro los ojos y te veo concentrado en besarme, apasionadamente. Y verte así, entregado, me excita mucho, así que te aprieto aun más a mí y te beso. Quiero sentir tu piel. Me deshago de tu camiseta y pongo mis manos sobre tu pecho... me encanta...notarlo, fuerte, caliente, tierno a la vez.. paso mis dedos suavemente sobre él, acaricio tus pezones, noto el calor de tu piel, y el latido de tu corazón ligeramente acelerado. Deslizo mis manos hacia tu pequeño pantalón para quitártelo y liberar a tu pene que lucha ya por escaparse de él. Te dejo totalmente desnudo como tanto me gusta, delante de mí. Te abrazo. Y me acerco a tu oreja para decirte. “¿vamos bien amor?”. Enviar ya.

Minutos eternos. Cinco minutos de espera que se hacen largos como cinco siglos. De repente, ese sonido celestial. 1 mensaje nuevo:

Si, vamos muy bien. Ahora sigo yo … yo también quiero tocarte, quiero quitarte esa ropa que me estorba para tocar tu cuerpo... deshago el pequeño cordón de arriba del picardías con mis dedos y ambas partes se separan ligeramente dejando libres y a la vista tus pechos, invitándome... mis manos se acercan a ellos y los acarician.. tus pezones se ponen erectos ante el roce de mis manos... e inclino la cabeza hacia ellos para besarlos, para meterme los pezones en la boca y lamerlos con dulzura... los lleno de saliva ...”cómo me gusta” gimes.. Susurro algo así como “qué ricos están”.. y te estremeces al notar mi lengua (esa que imaginas que luego bajara hasta tu clítoris, si), primero uno mientras acaricio el otro, luego el otro mientras lamo y salivo el otro...Acaricias mi cabeza mientras saboreo tus pezones y tus pechos... mi respiración empieza a acelerarse y descompasarse. Mi mano se desliza suavemente entre tus piernas, navegan por tu humedad, masajean tu clítoris que late. Suspiras. Estoy muy excitado...
Lee nerviosa, se derrite en humedad, se eriza, se ruboriza de placer y aunque los dedos le tiemblan y equivoca las teclas, escribe: “hummmmm… ya ves que estoy muy mojada… túmbate sobre la cama para estar mas cómodo... me siento sobre ti... a la altura de tu vientre, por debajo de tu ombligo, por encima justo de tu sexo... en realidad lo noto, alzándose ya, endureciéndose, rozando mis glúteos. Me inclino sobre ti y te beso la boca... meto mi lengua junto a la tuya... Me encanta rozarla... me excita tanto que me detengo, me entretengo, nos entretenemos... Toda la superficie de nuestras lenguas entra en contacto, se recorre, se alimenta, se llenan de saliva compartida.. uffff.. qué gusto.... Tus manos se aferran a mi trasero, tus dedos se clavan en el. Me levanto sobre ti para ir sentandome sobre tu cuerpo, despacio, mientras me miras, sintiéndome atravesar por tu pene duro y terso, desafiante, orgulloso. Como un estoque me atraviesa dulcemente, con la facilidad asombrosa de los cuerpos que encajan, roza cada milímetro de mi piel y se rodea de mí. Aprieto mis músculos para que me notes. Mi cuerpo te cabalga, bajando y subiendo sobre el tuyo lentamente.. Enviar ya

Tres minutos después: “Sigue por favor…”

Ella teclea: “Sigo…. Nuestros cuerpos chocan y chasquean. Su sonido nos excita, nos hace gemir al compás. El ritmo se acelera, los susurros casi ininteligibles nos excitan aun más. Tú me ves entrando y saliendo de ti, me arqueo, gruñes… Acelero, me clavas las uñas, mientras con tus manos aferras mi trasero. Giro sobre tu vientre para rozar mi clítoris, te mojo con mi humedad, te gimo, me gimes, nos besamos, vemos cerca la llegada de lo inevitable…”

Y así, ajenos al paso del tiempo, tclick clack tclick clack, el sonido del teclado continúa provocando gemidos y suspiros, gritos de placer, que se sienten y se oyen a kilómetros de distancia. No tienen prisa en recorrer sus cuerpos, en intercambiar su goce, en extasiarse hasta el orgasmo. No usan webcam. Ni falta que les hace. Solo la palabra. Así lo viven más eróticamente. Una vez leyeron algo así como que si alguien imagina algo mucho, su cerebro lo procesa como si fuera real y su cuerpo se comporta como si lo fuera. Casi no podían creérselo así que decidieron comprobarlo. Ahora ambos saben que así es. El placer y la humedad de sus cuerpos no les engañan…



3) Andy

Jamás hubiese pensado que aquel ordenador iba a resolverle una gran duda que planeaba por su mente desde hacía ya tiempo.
Andrés era solitario.
Todos los de su entorno lo sabían y estaba acostumbrado a ello.
En su pandilla lo conocían como “el pajillas”, y no hacía falta explicar más.
Nunca contaba nada de su vida, ni nunca se le había visto con una mujer, por lo que daba muuucho que pensar.
Aquel día estaba decidido y entró en el Chat de una página de la que había escuchado hablar en un programa de radio a altas horas de la madrugada.
“Analfabeto que te la meto”, “Barricachondo”, “Marcelino pene y vino” eran algunos de los nick que se encontró al conectar. Él entró con el nombre de Andy, aunque no sabía por qué.
Se moría de ganas por probar suerte y después de un “pito pito gorgorito…” le abrió un privado a uno de los nicks que mas le había llamado la atención. “Melocomotó”
Andy - Hola.
Andy – Hola??
Melocomotó – Hombre o mujer??
A – Hombre
M – Hola. Que buscas?
A – No lo se ( y era la verdad )
M – Pues yo solo te puedo ofrecer una cosa.
A – El que?
M – Sexo!! Te interesa?
A – creo que si. Soy nuevo en esto.
M – Mejor. Tienes cam?
A – Si, pero no se ponerla.
M – Acepta la mía y mira…
Andrés no podía creer lo que ante sus ojos, en una pantallita a la izquierda de su monitor, estaba pasando..
Una polla grande y tiesa agarrada por una mano más grande si podía ser, se movía…
Los ojos se le iban a salir de sus órbitas. Se estaba excitando... al final iba a ser verdad que le gustaban los hombres.
Primero miró. Después, al notar que algo crecía entre sus piernas, se empezó a tocar
M – Te gusta? Te estás tocando?
Andrés no salía de su asombro. Pero estaba muy muy excitado.
M – Te gustaría comértela??
No duró mucho… Y se asustó. Jamás hubiese pensado que con lo que él había hablado de tetas y culos, ahora, a sus 34 años, algo así le estuviese poniendo como un berraco.
M – Andy??
Andrés pulsó un botón justo después de correrse.
En la pantalla de Melocomotó solo una cosa “Andy ha desconectado”.



4) El eyaculador precoz

Miguel llevaba una vida normal. Trabajaba de cajero en un gran supermercado. Por las noches iba al gimnasio. Y desde hace cuatro años compartía su vida con Laura.
Laura llevaba una vida normal. Trabajaba en la sección de pescados del mismo gran supermercado, y desde hace cuatro años esperaba a que Miguel saliera del gimnasio por las noches para cenar con él… y luego hacían el amor.
Miguel sufría de eyaculación precoz. Pero posiblemente era el caso más extremo que se conoce. Lo habían probado todo… Incluso una vez, Laura se disfrazó de Guardia Civil, con un traje de su padre; para tratar de impresionar y retrasar el momento de júbilo de Miguel… Imposible. No había solución.
Ayer Laura, aconsejada por su compañera en la pescadería, optó por probar con el sexo a distancia por ordenador. Miguel estaba confuso, pero por agradar a Laura, aceptó.
Se pusieron uno en cada habitación y por la web-cam se dispusieron a tener una excitante sesión de ciber sexo.
Miguel observaba como Laura se quitaba su camiseta, luego su corta faldita… y eyaculó.



5) Nadie es perfecto

Cristina sonreía mirando a la pantalla de su portátil pensando lo que es capaz de hacer uno por aburrimiento. Ella metida en un chat de los calentitos. Pero la culpa la tenia su amiga Bea. Después de su tercer desengaño amoroso había decidido que estaba mejor sola que mal acompañada. Bea había ido la noche anterior para convencerla de salir de marcha que una mujer joven y hermosa no podía desperdiciarse enclaustrada en casa, que había mucho que sentir aun, que si no quería una relación de acuerdo, que los hombres como pañuelos también servían, se usaban y luego se tiraban. Este comentario hizo que Cristina se riera, pero no que cambiara de idea.

-Al menos entra en un chat y echa un ciberpolvo niña, que te van a salir telarañas de no usarlo, se te esta poniendo una cara de solterona avinagraná hija mía, que da susto-le dijo Bea

-A mi esas cosas no me van, yo soy mas de piel con piel-le contesto Cristina.
-Tu lo que eres es una mojigata retrograda-le reto Bea.
-Lo que tú digas Bea, pero ahora te vas y me dejas tranquila. ¡Pesada que eres una pesada!- y dándole dos besos la empujo fuera de su piso.

Y allí estaba Crsitina media hora más tarde, metida en un chat con el nik de gatita.solitaria. Ya había recibido invitaciones a ver cam y visto un par de tíos empalmados meneándoselas, lo que provocaba la risa de Cristina. Ella nunca se mostraría a un desconocido en bolas y toqueteándose.

Estaba por cerrar el chat cuando recibo una petición de privado de un tal angel.caido. Este para variar le pedía con mucha educación mantener una conversación si no le parecía mal. Le daremos una oportunidad-decidió Cristina.
-Buenas noches gatita o gatito?
-Soy gatita ¿no lo ves en mi nik?
-Veras gatita aquí hay mucho tío oculto bajo un nik femenino.
-Pues te puedo asegurar que si soy gatita desde el mismito día en que nací. –
-ok, me alegro, ¿y que busca una gatita por estos tejados un gato con quien ronronear?
-Pues no, buscaba un gato con quien conversar.
-Que tipo de conversación de las profundas sobre la vida o de las que terminan con gemidos de placer.
-Noooo, yo no busco cibersexo y no muestro mi cam.
-Huuum, interesante. Entonces ¿de que te apetece hablar gatita?
Cristina propuso hablar de las distintas formas de entender lo que es una relación para hombres y mujeres. Según pasaba el tiempo se sentía más cómoda con aquel desconocido que parecía entenderla tan bien y se notaba que era alguien con bastante nivel cultural. No sabia que hacia alguien así en un chat de esos.
A tal punto llegó su conversación que le contó sus fracasos amorosos y lo decepcionada que estaba con el amor.
–No me digas gatita que vas a renunciar al amor, un chica joven y hermosa como tu no debe enterrarse en vida debe de disfrutar de la vida en toda su plenitud. Además eres inteligente y divertida todo lo que yo busco en una pareja. Creo que me estoy enamorando de ti princesa.

Cristina se quedo quieta con el corazón galopándole en el pecho y las mejillas ardiendo, se le acababan de declarar y además alguien que le empezaba a gustar, era una locura pero si no le había visto la cara ni escuchado su voz, si era casado o a saber que clase de tío era.

-¿Pero estas loco si no nos hemos visto ni hablado, no sabes como soy, ni yo como eres?
-Pero se como eres por dentro y eres la mujer mas hermosa que he conocido.
Acepta una llamada mía y hablamos, ¿te parece bien princesa?
-Uuufff, esta bien.
-Hola princesa-dijo angel.caido.
-Hola angel-dijo Cristina pensando lo seductora que era su voz.
-Que voz mas bonita tienes princesa, seguro que tu sonrisa es preciosa y tu boca aun mas.
-Uuuf angel.caido creo que te estas entusiasmando mucho y yo te he dicho que no soy de esas.
-No cariño no te voy a pedir cam ni que me digas nada, solo quiero hablarte y decirte lo que siento. Déjame imaginarte por tu voz…
-¿Y dime como me imaginas?-dijo con voz coqueta Cristina.
-De mirada clara y profunda de sonrisa abierta, de labios dulces y jugosos, de pechos perfectos para mis manos, de cintura a la medida de mis brazos para agarrarte y apretarte contra mi. De piernas que me rodean para sujetarme y no dejarme ir. Con una espalda suave y sedosa, para irla besando desde el cuello hasta tus nalgas.
Cristina se mantenía callada pero su cuerpo iba reaccionando a cada imagen que las palabras de aquel desconocido le decía. Le parecía increíble pero estaba muy excitada y sus manos deseaban acariciarse.
-Ronronéame gatita, quiero escucharte ¿te estas tocando como yo me toco?
-Siiii, me imagino tus manos en mi-Cristina se sorprendió diciendo eso.
-Huuum gatita que feliz me haces, maúllame de placer mientras te lamo.
Ya todo eran suspiros, gemidos y maullidos. Hasta que el clímax les llego a cada uno y las respiraciones volvieron a su ritmo normal.

Cristina no podía creer lo que había hecho, aquella experiencia le había producido mas excitación y placer que cualquier anterior relación. Nunca había llegado a tal grado de confianza y falta de pudor como con aquel desconocido.
-¿Eres feliz gatita?
-Si lo soy….ahora quisiera verte y que tu me vieras-le pidió Cristina.
-No se si te gustaré, quizás no quieras saber nada mas de mi después de verme. Hay algo que no te he dicho de mí.
-No me importa tu físico, he salido con guaperas que no me han dado tanto placer como tú esta noche.
Cuando la cam se activo vio a una hermosa mujer desnuda, con cara de preocupación. Aquella mujer le dijo: -te quiero gatita-.
-Bueno….nadie es perfecto amor-le contestó una sonriente Cristina.



6) Interferencias

23cmvlc: hola guapa (01: 32)

23cmvlc: hola guapa (01: 36)

23cmvlc: hola guapa (01: 39)

23cmvlc: hola guapa (01: 43)

23cmvlc: hola guapa (01: 44)

rubiacachonda: hola (01: 52)

23cmvlc: ocupada? (01: 52)

23cmvlc: quieres pasar un buen rato? (01:53)

23cmvlc: estás? (01:54)

23cmvlc: estás? (01:55)

rubiacachonda: tengo muchos privados (02:11)

23cmvlc: no hagas caso (02:12)

23cmvlc: conmigo lo pasarás mejor (02:13)

23cmvlc: estás? (02:18)

23cmvlc: estás? (02:19)

rubiacachonda: hola (02:27)

23cmvlc: hola!  (02:28)

23cmvlc: quieres pasar un buen rato? (02:29)

rubiacachonda: claro! (02:33)

rubiacachonda: de dd eres? (02:34)

23cmvlc: de vlc (02:35)

23cmvlc: tu? (02:36)

rubiacachonda: de valencia (02 :41)

rubiacachonda : y tu? (02: 46)

23cmvlc : tb de valencia (02 :47)

23cmvlc: como eres ? (02 :48)

rubiacachonda: rubia (02 :52)

rubiacachonda: simpática (02:55)

rubiacachonda: cariñosa (02:58)

rubiacachonda: me gusta leer y salir con mis amigos (03:01)

23cmvlc: y tus tetas? son grandes ? (03:02)

rubiacachonda: son grandes ;) (03:05)

23cmvlc: tienes cam ? (03 :06)

rubiacachonda: si (03:09)

rubiacachonda: la pongo? (03:10)

23cmvlc: SISISISISISISISIS ;) (03:11)

rubiacachonda: espera (03:12)

23cmvlc: estas? (03:18)

23cmvlc: estas? (03:20)

23cmvlc: estas? (03:31)

rubiacachonda ha abandonado la conversación

23cmvlc se ha desconectado



- Cariño, que la cámara del ordenador no funciona.
- Sí funciona.
- ¡No funciona!
- Sí funciona. He visto cómo se encendía el icono justo cuando has dicho “espera”. He visto cómo se te ha caído. Y entonces has desaparecido.
- Ha sido sin querer…
- ...
- En serio… ¿ya?
- Anda, vamos a dormir. Mañana verás tú…
- ¿Y esto es el cibersexo?
- …
- No, ¿en serio? ¿ya?
- …
- ¿¿YA??

- ¿Tetas grandes? ¿¿¿¡¡¡A ESTO LE LLAMAS TÚ TETAS GRANDES???!!!







7) Cortocircuito

Abrió un botellín de cerveza que encontró en la neverita de su habitación. El hotel estaba cerca del aeropuerto, así que el mal humor que lo había acompañado durante el viaje se desvaneció pronto. Una pequeña siesta y una buena ducha terminaron de cambiarle el ánimo, y el sabor frío de la cerveza le arrancó media sonrisa mientras miraba el anochecer por el ventanal.
El ruido de un avión próximo al aterrizaje lo sacó de su ensimismamiento. Extrajo el portátil de su maletín, lo puso sobre el escritorio y lo encendió. Entre pitos y flautas, hacía más de cuatro días que no había tenido contacto con Esther. Se sorprendió a sí mismo sintiendo que la echaba de menos. En medio del caos de vida que llevaba a caballo entre Europa y Norteamérica, aquella mujer suponía los únicos momentos de diversión y placer de que disfrutaba. Se había cansado de ir de cama en cama con desconocidas a las que no volvía a ver nunca más. Esther no sólo le excitaba sexualmente, sino también ejercía de compañera en otros aspectos. Lo cierto era que se sentía menos solo desde que ella estaba en su vida.
La configuración permitía que el IRC se conectase automáticamente nada más arrancar el sistema operativo. Entró en la sala del Trivial y sonrió abiertamente cuando vio que estaba conectada. Inmediatamente, le abrió un privado.
magnocenturio: dichosos estos ojos que te leen
lady_ast: no me seas pelota… cómo estás?
magnocenturio: te he echado de menos
lady_ast: oh qué tierno… qué llevas puesto?
magnocenturio: jaja, veo que tú también me has echado de menos
lady_ast: lo justo y necesario
magnocenturio: qué dura eres
lady_ast: por poco tiempo
magnocenturio: llevo la toalla de baño del hotel enrollada en la cintura
lady_ast: mmmmm… te queda muy pequeña?
magnocenturio: jaja, sí… las toallas de hotel son ridículas
lady_ast: ves?... ya me he ablandado lo suficiente
magnocenturio: qué llevas puesto tú?
lady_ast: un traje sastre gris, con falda por la rodilla, una blusa de raso color burdeos, medias y siete centímetros de tacones en los pies
magnocenturio: cada día me lo pones más difícil
lady_ast: ya sabes lo que me gusta que me desnudes
magnocenturio: si pudiese traerte aquí con sólo chasquear los dedos…
lady_ast: dónde pondrías las manos primero?
magnocenturio: en el culo, para apretarte bien contra mí
lady_ast: fuera esa toalla…
magnocenturio: Esther… por qué no hacemos esto por teléfono?

Esperó una respuesta inmediata, pero no llegó hasta diez segundos más tarde.

lady_ast: por qué?
magnocenturio: porque sería más personal, menos frío, más excitante…
lady_ast: Daniel, si lees que meto la mano entre tu cuerpo y el mío para acariciarte los testículos y sentir lo dura que se te pone, no te excitas?

Esther supuso que el instante que duró la pausa, Daniel lo empleó en mirarse la entrepierna. Algunas personas son muy gráficas, les describen cualquier situación y enseguida la imaginan. Era evidente que sí, se excitaba.

magnocenturio: no es suficiente
lady_ast: entonces tenemos un problema
magnocenturio: por qué no quieres hacerlo por teléfono? pudor?
lady_ast: en absoluto, es simplemente que yo no quiero que esto se vuelva algo personal
magnocenturio: no entiendo
lady_ast: es fácil, tú quieres que nos escuchemos gemir, jadear y orgasmear… lo que en cierto modo me parece lógico, sería el siguiente paso a esto, no?... pero yo no quiero, ergo habemus conflictum
magnocenturio: te he echado de menos, esperaba que aceptaras mi propuesta, sería más divertido
lady_ast: yo también te he echado de menos, pero no más del espacio que ocupas en mi vida… si aceptase, qué pasaría después?
magnocenturio: no lo sé, pero no puedes abrirte a saberlo?

Esther, que llevaba rato con la blusa desabrochada y la falda arremangada por la cintura, resopló. Tenía la puerta del despacho entreabierta.

magnocenturio: Esther? estás ahí?
lady_ast: creo que es mejor dejarlo aquí
magnocenturio: pero por qué? qué pasa?
lady_ast: por qué quieres ese cambio?
magnocenturio: porque me gustas, quiero más que esto, no sé…
lady_ast: oye, para mí esto es un juego totalmente desprovisto de sentimientos; hay quien se compra un vibrador, yo prefiero echar a volar la imaginación contigo escribiendo y leyendo cosas excitantes mientras me toco… ni necesito ni quiero ni puedo dar más que eso

Daniel miró la pantalla de su portátil contrariado. Aquella mujer no quería tener sexo con él, sino con un ordenador.

magnocenturio: pensé que esto podría ir a más y quizá, algún día, conocernos
lady_ast: no te habrás enamorado…
magnocenturio: no, creo que no ha llegado a tanto
lady_ast: mejor… ya te he dicho que esto es un juego para mí.
magnocenturio: has dicho que no me has echado de menos más allá del espacio que ocupo en tu vida… qué espacio es ése?

Daniel vio cómo su compañera de juegos se desconectaba sin despedirse.


Esther oyó la puerta de su casa. Se bajó la falda y se abrochó la camisa mientras el ordenador se apagaba. Al otro lado del pasillo, un adulto y un niño de cuatro años gritaban: “¡Hola, mamá! ¡Ya estamos en casa!”.



8) Webcam

Por fin había terminado su turno. Debería haber terminado una hora y media antes, pero estas son las sorpresas que tiene el trabajar en una planta petrolífera; el tiempo es algo secundario.
Sin embargo para él, el tiempo era algo bastante importante, así que cuando se dirigía a su camarote lo primero que hizo fue mirar su reloj. Sí, le daba tiempo, menos mal. Dejó que se fueran encendiendo el portátil y la webcam mientras se daba una ducha.
Ya aseado, abrió el navegador y accedió directamente a la primera posición de sus favoritos. Se abrió la ventana y allí estaba la pareja a la que iba siguiendo desde hace varias semanas.
Ella estaba solo cubierta por un pequeño camisón, casi transparente, mientras que la persona que estaba a su lado tenía el torso desnudo. Reflejado en la panorámica pantalla del portátil, se impacientaba por que empezase la acción.
Entonces, ella hizo un movimiento rápido, preciso, estudiado, y el camisón resbaló, mostrando sus senos. Su acompañante, frente a ella, abrió los ojos de golpe. Ella, dulce, le ofreció los pechos y él los miraba casi sin pestañear, con ansia. Solo el deseo podía crear una expresión como aquella. De repente, casi sin mirarla a la cara, se lanzó a su busto. Abrió la boca, pasó la lengua delicadamente por la oscura aureola, buscando el pezón, mientras ella sonreía con picardía. No se lo esperaba cuando cerró la boca de golpe y le aprisionó el pecho, succionando con fuerza. Ella emitió un gemido, mezcla de dolor y placer, como siempre que le atrapaban el pecho.
El hombre que los miraba a través de su portátil miraba la pantalla fijamente, y una pequeña sonrisa se deslizaba por la comisura de sus labios, esperando que termine la escena. Los hinchados pechos que dominaban la escena casi tapaban el rostro de quien los succionaba, que se dedicaba a ello con cierta furia y olvidándose del resto del mundo. Unos minutos después, dándose por satisfecho, los soltó y dejo caer la cabeza hacia atrás, exhausto. Ella se apartó despacio y lo dejó reposar y recuperarse, mientras volvía a cubrirse. Parece que, por esa noche, el espectáculo había terminado hasta la siguiente sesión.

Al otro lado de la webcam, el hombre no disimulaba su sonrisa. Creía que esa noche llegaría tarde pero no ha sido así. De nuevo, y por suerte, pudo volver a ver como su esposa le daba el pecho a su hijo.



9) Smily

En mi apartado banco del parque saco un bocadillo aplastado de mortadela de mi mochila y doy buena cuenta. Chissss, clack. Abro la lata de cerveza y apuro un sorbo largo. Trago la mitad; escupo el resto: caliente como el meado de un camello.

–Hola, ¿puedo sentarme? –preguntó esa voz femenina.

–Tú misma –dije sin mirarla siquiera, fingiendo desinterés y reprimiendo unas tremendas ganas por girarme para contemplar el rostro al que pertenecía aquella maravillosa voz.

Enciendo un mentolado y aspiro hondo.

–¿Quieres uno? –pregunto a la par que me giro con medida lentitud, mirando de soslayo a la dama que había escogido sentarse a mi lado.

Decir que casi salto sobre mis posaderas se queda corto. El corazón me dio un vuelco, pero me contuve las ganas de señalar con el dedo. Ante la pregunta de, ¿qué cojones es esto?, lo que sí puedo afirmar es que se trataba de la esfera amarilla de metro y medio de diámetro, con un lacito rosa en su parte más alta, más bella y deslumbrante que he conocido en mi patética vida.

–No, no fumo, gracias de todos modos… y si me permites el atrevimiento, tú tampoco deberías hacerlo, es un mal hábito, muy nocivo… y además dicen que provoca el prematuro envejecimiento de los píxeles –dijo.

Evaluaba el efecto de sus palabras sobre mi y a ambos lados de la finísima línea que podríamos llamar boca, asomaron sendos círculos colorados de rubor.

–Perdón –se disculpó–, a veces hablo demasiado.

–No, para nada –me apresuré a contestar todo tembloroso y arrojé bien lejos de mí el paquete de tabaco con dos pitillos aún en su interior–. Tienes toda la razón.

Aquella línea perfecta se curvó para mostrar de enormes dientes blancos, cuadrangulares y planos. ¡Estaba sonriéndome!

–Soy una maleducada. Mi nombre es Smily –se presentó–. ¿Y el tuyo?

–Er… ehm… Yo me llamo Carlos… dije con los nervios a flor de piel.

Se hizo un molesto silencio. Ella lo rompió.

–No eres de aquí, ¿verdad? –preguntó al fin tras un par de tensos minutos.

–No, para nada –respondí yo–, soy de Pucela, Valladolid. ¿Tanto se me nota?

–No lo sé, ¿debería notarse? Yo soy de Microsoft©, Windows®. ¿Se nota? –y su respuesta me bamboleó desde la risa hasta la tentativa de tirarme de los pelos.

–¿Eres un… un… –no estaba seguro de cómo terminar mi pregunta.

–Soy un emoticono, sí –me abrevió con un tono neutro, sin entusiasmo–. Seguro que has visto muchos.

–Nunca en persona –afirmé con fuerza, casi con voz de gallo.

–Pues ya conoces a uno –sentenció y yo confirme con un gesto de mi mentón inseguro.

–¿Te gusta este lugar? –preguntó.

–No estoy seguro, por momentos –contesté.

–A mi sí, es distinto al lugar del que vengo –dijo nostálgica.

–¿En que sentido? –interrogué dándome cuenta de que realmente lo que contase me interesaba más de lo que nada lo había hecho en el último año.

–No sabría explicarlo. Aquí me siento libre, me siento hinchada de aire, aunque este no sea muy puro –se sentía tan fuera de lugar como una octogenaria con un iPod entre las manos. Decidí no presionar más por ese camino.

–¿Y cómo venido ha parar a mi banco? –dije e intenté sonar cordial y ví como un par de lágrimas de mismo color que un lapiza azul Plastidecor™ asomaban en sus dos aberturas circulares blancas sin macula bajo las negrísimas pupilas.

–Es un larga historia –comenzó–. No sé si debo agobiarte con mis cosas.

–No, te lo ruego, soy todo oídos –animé y ella se ladeó con complacencia.

–Yo y *LILIA25* éramos amigas. Me gusta creer que intimas. Sabes, tecleaba como un ángel y siempre que hacía referencia a si misma yo asomaba entre las letras, sonriendo, aunque no tuviese ganas.

–Eso debe ser duro, ¿no? –aventuré.

–Más de lo que te imaginas. Ella hablaba con mucha gente, ella era una chica especial. Pero todo ha cambiado. Un canalla la engañó, la engatusó, la enamoró y cuando dejó de interesarle, la desechó, enviándola directa a su papelera de reciclaje –narraba Smily, y yo embobado, escuchaba como si me estuviese contando algo único, nuevo, nunca antes acontecido, como si fuera el primer traductor en siglos de las letras de la jodida Safo.

–*LILIA25* ya no habla de si misma, ya no sonríe, aunque a mi me apetezca hacerlo con la fuerza y el estruendo de un aviso de error crítico. Ya no me usa, ya no me necesita… ya no soy nada –decía Smily mientras su voz se ahuecaba, atoraba y finalmente enmudecía.

Intenté abrazar con todas mis fuerzas a mi nueva amiga esférica, intenté acariciar su gualda ternura, anhelé aplacar su dolor y susurrarle al oído –creo que no tenía orejas– que yo estaba a su lado. Me deslicé sobre el banco para secar sus lágrimas con la manga de mi sudadera pero se me escurrió como un salmonete se le escabulle al osezno joven, torpe e inexperto.

–Lo siento muchísimo –había dicho–, debo irme, de veras que lo siento.

–No, aguarda por favor –y me bastó parpadear en el momento menos oportuno para contemplar ante mí el hueco vacío que dejaba su halo. Se había esfumado.



Aquella noche, me revolqué sobre las sabanas como cerdito en el lodo. Cuando amaneció el domingo tomé una ducha rápida en el baño compartido y bajé a la calle. Debía volver al parque, tenía que volver a verla. Es absurdo pero estaba prendado. Me había enamorado como un tonto de película ñoña.

Pasé la mañana y la tarde entera en el banco, sentado a la espera, pero ella no hizo acto de presencia. Al anochecer, regresé a mi guarida, arrastrando los pies presa de un descomunal abatimiento. Decidí que si no quería enloquecer debería volver a mi realidad diaria… y así hice.

Pasaron los meses. Tres, cuatro, no sabría decirlo. Un jueves cualquiera me desperté en con los pies en la almohada y la cabeza bajo la manta, y mi primer pensamiento tenía forma de cruasán empapado en leche templada. Desayuné, busqué en las ofertas de empleo y puse rumbo al cibercafé más cercano. Pagué por conectarme una hora y envié un par de curriculums. Me sobraban cuarenta y cinco minutos. De todos cuantos hay en la red, escogí un chat al azar. En el general, los insustanciales mensajes del puñado de mentecatos que lo poblaban eran apenas inteligibles. Por curiosidad, ojeé la lista de usuarios y una vena de la frente me estalló discretamente. El nombre del primer usuario de la lista era nada más y nada menos que *LILIA25*.


Dodgson dice: Hola.

*LILIA25* dice: ola

Dodgson dice: ¿Está Smily por ahí?

*LILIA25* dice: kien¿

Dodgson dice: No importa, olvídalo.

*LILIA25* dice: nos conocemos¿ qien eres¿ como t yamas¿ cuantos años tienes¿

Dodgson dice: Te encontré, al fin.

*LILIA25* dice: tas loco¿

Dodgson dice: Sinceramente, sí, creo que estoy loco de remate.





10) Romper con todo

Era tarde para levantarse, mediodía, pero pensó que la mejor manera para aprovechar su día libre era dormir, dejar que su mente se relajase y construyese mundos de mentira en los que todavía todo era posible.



Sin embargo se encontró mirando al techo, en una habitación demasiado grande, en una cama... demasiado grande. Tenía frío. Antes daba media vuelta, y ahí estaba ella. Se abrazaba. Pero en aquella cama tan solo quedaba su ausencia.

Se levantó de mala gana, sorteando la ropa del día anterior que ahora andaba por el suelo. Entró en el baño donde el espejo le escupió verdades a la cara. Cad vez más gordo, cada vez más mayor. Luego el armarito le escupió un par más. Ya no había exfoliante ni cremas de aquella tan raras; tan solo una taza con el asa partida que guardaba el cepillo y la pasta de dientes: cada vez más solo.
Volvió a la habitación y pensó en seguir durmiendo; ¿qué tenía que ofrecerle el día? desde la mesilla ella le miraba en dos dimensiones, con la cara sonriente. No había tocado nada desde que se marchó.

Se sentó en la cama; a su memoria vinieron imágenes de cuando ella la ocupaba, cuando disfrutaba haciéndole el amor bajo una tenue luz anaranjada que bañaba su desnudez. Recordaba su rostro, serpenteando de placer y su cara pidiendo más sin palabras.

Bajó el marco de la foto y la cara de aquella chica quedó contra la mesilla. Eran demasiados recuerdos; algo tenía que cambiar.

En el escritorio, el ordenador emitía pequeños rugidos; sería otra de esas malditas actualizaciones que lo reiniciaban cada cierto tiempo.
Sea como fuere, eso llamó su atención y se sentó un segundo para ver su correo. Catorce correos; trece de publicidad y uno de un amigo que le enviaba un chiste sin sentido. Se fijó en una de las opciones de aquella página, y cuatro letras llamaron poderosamente su atención: chat.

- ¿Por qué no? - se dijo -.

Escogió un nombre que no decía nada y pasó varias horas viendo a la gente conversar. En una sucesión infinita de letras pensó que ese batiburrillo de gente en realidad no hablaba sobre nada.
Resopló.

Aquello era una manera de sentirse solo en medio de un montón de gente. Fue entonces cuando a punto de rendirse, sin siquiera haber dicho un simple Hola reparó en un nombre que parpadeaba en rojo en la barra de tareas: Carla.

La conversación del principio fue fugaz, como un examen tipo test que visto desde fuera haría plantearse si verdaderamente el ser humano es un ser inteligente.
Exageró. Pensó que describirse a sí mismo como un perdedor incapaz de asumir que su ex novia se había fugado con un compañero de trabajo no era muy buena idea, así que se describió como jovial, simpático y activo, que debía ser verdad, a tenor de la cantidad de arrugas que presentaban sus sábanas.

Llegados a un punto de la conversación, ella se plantó:
- ¿Sabes lo cachonda que me pone que todavía no me hayas dicho ninguna guarrada?
- ¿Por qué iba a decirla?
- Niño, porque el canal se llama Sexo...

Él se quedó sin saber qué decir.
- ...y quiero sexo - terminó ella -.

Él se giró hacia el escritorio, donde su ex, ya no le miraba y pensó...
- ¡Qué demonios!...

Aquí ya no había luces tenues, ni caras de placer. Nadie lo tocaba y sin embargo las letras, aquella letras consiguieron excitarle más de lo que se hubiese imaginado. En la distancia ella narraba sus perversiones y él no pudo evitar tocarse.

Aquella perfecta desconocida amenazaba con tocar aquí y allá, y la mente, el órgano sexual más poderoso, imaginaba todas esas situaciones, provocándole un sumo placer.
Las palabras calaron tan hondo, el deseo sexual que ella le suscitaba era tan profundo, que al fin llegó el momento cumbre, donde toda su represión salió en forma de líquido elemento...

- Mierda, como he puesto el teclado - pensó -.
- ¿Estás bien? - preguntó ella ante su silencio -.
- Muy bien - respondió esbozando una media sonrisa que ella jamás vería -.

Y poco después se despidieron. Dos extraños...

El día siguiente había que trabajar; se presentó con una sonrisa de felicidad, tan exultante que un compañero le empezó a decir...

- Tú, tu has fo...

Era más que eso.

A la hora del descanso, un tipejo; engreído, charlatán, el típico fantasma engominado de sonrisa falsa y dentadura profident se acercó sonriente.
- ¡Romero! - dijo - ¿Sabes qué hice ayer? entré en un canal de sexo y me hice pasar por tía. ¡No veas! el gachó se corrió encima del teclado

No podía ser. Humillado, una vez más.

- ¿Y eso te hace gracia?
- Sí - dijo soltando una risotada imbécil -. ¿Tú que hiciste?
- Ver la tele...

Y pensó para sí mismo...
- ...no sentirme solo, saber que hay vida a pesar de sentirme engañado, no echarla más de menos, romper con todo, romper... con todo.




11) Schertbarsky S.A.
Apolinar sintió endurecerse sus pantalones al rozar la primera letra de las cuatro que conformaban la palabra más buscada en la red. Para cuando terminó de teclear, el orgasmo era seguro, y sintió ese agradable vértigo con sabor a poder que todo hombre con placer asegurado ha saboreado alguna vez.

Nuestro hombre fue uno de los primeros en adquirir su Orgasmovision 5000. En el año 2012, a un genio nórdico de apellido impronunciable y rostro de fracasado sexual se le había ocurrido la genial idea de sincronizar un sistema de electrodos con lo que se visualizaba en pantalla. Otto Schertbasky, que así se llamaba el célebre inventor, se había convertido en el mesías de los millones de Apolinar de este planeta que, hartos del combo porno + onanismo, buscaban algo más.
En la simpleza del Orgasmovision 5000 residía su éxito. Constaba de tres electrodos inalámbricos que se enganchaban al pene y testículos. Muy discretos, estos parches se vendían en todas las tallas, colores y texturas imaginables, lo que hacía posible su uso en cualquier circunstancia. Hasta el bueno de Otto estaba pensando en una línea waterproof y otra hipoalergénica y de adhesivo suave, apta incluso para los vellos púbicos más sensibles. Además de los electrodos, el aparato constaba de un transformador de la señal que había de acoplarse en el ordenador. La oferta de instalación gratuita más tres meses de suscripción a orgasmotube.com —la página especializada que Google había desarrollado conjuntamente con la empresa— era uno de los mayores atractivos del Orgasmovision 5000, junto con todo el marketing desarrollado: se decía que el nombre del invento provenía de la solemne promesa del mismo Schertbasky de garantizar al menos cinco mil orgasmos de calidad.
Por supuesto, su uso era sencillo e intuitivo. El usuario —la línea femenina aún estaba en fase de investigación— se colocaba los parches, se sentaba frente al ordenador y disfrutaba de una experiencia interactiva única en la web; ya que el mecanismo automático del Orgasmovision 5000 garantizaba la sensación asociada a la imagen de un modo simultáneo a su visualización. Buscando “Megan Fox”, “trío”, “mamada” o la obvia “sexo”, Apolinar había acumulado horas y horas de increíbles sensaciones físicas y mentales, incluyendo la más exótica de todas ellas, cuando una ex ávida de venganza le cambió sin previo aviso la página principal a “penectomía”.



12) Sexo pelotero

Si me tengo que definir puedo asegurar que soy una persona sexualmente activa, es más, diría que soy un atleta del sexo en continua preparación. Como los buenos tenistas mi especialidad son los individuales, porque a pesar de haberlo intentado con fervor pocas veces me han dejado jugar en dobles. En resumen, que mojo menos que una tormenta de arena, pero eso a mí no me amedrenta porque soy de la opinión de que el onanismo en si mismo no resulta una meta, sino la preparación de un objetivo, follar sin pagar.

Porque no creáis que no lo he intentado en el mercado libre, lo intenté con ahínco, pero al final lo que se dice hincar hinqué poco. Tuve una novia en mis años mozos, bueno, cuando terminé mis estudios en la universidad, con 41 años, tras agotar todas las convocatorias de la única asignatura de magisterio en la que me matriculé, animación sociocultural. Era una buena chica, pero no me seguía el ritmo, una vez conseguí terminar en menos de nueve segundos y a pesar de la proeza tuvo la poca vergüenza de pasarse media noche discutiéndome que había sido una salida nula en lugar de un récord del mundo. Al tercer nulo me puso en la puta calle, eso me dolió, pero más me dolió que me azuzase a su perro guía, que me la tenía jurada, y que me arrancó de un mordisco una oreja, por su culpa ahora me tengo que sujetar las gafas con un velcro. Diez años después la recuerdo con cariño, creo que hasta la quería, como el musgo quiere al liquen, desapasionadamente.
Pero ante mi fracaso en el mercado libre probé en los mercados de la carne y no me fue mejor, deduzco de la fallida experiencia que mi principal problema es el contacto humano. Además de agarrar unas buenas ladillas terminé siendo declarado persona non grata en el puticlub de mi pueblo cuando la chica mas veterana del local, tan veterana que en la guerra contra los franceses ya ejercía la profesión, me saco a patadas del reservado al grito de “yo ahí no vuelvo a meter la lengua, tío marrano”. Mujer, no era para tanto, si el mejillón que me sacaste de entre los dientes no estaba casi masticado, además yo no me hice tanto el digno con tu dentadura postiza y tus prótesis mamarias que no valían los tres euros con cincuenta que había pagado. Eso sí, pedir una hoja de reclamaciones no fue una buena idea, estuve escupiendo dientes veinte minutos mientras dos aguerridos mocetones se aseguraban de que allí jamás pudiera volver a alojarse un bivalvo.

Abatido por mis fracasos atravesé una crisis personal muy profunda, busqué refugio en las mujeres inanimadas que adornan los kioscos, fui dando bandazos de videoclub en videoclub como un alma en pena, hasta que descubrí una cosa que se llama Internet, un milagro del desarrollo tecnológico capaz de poner a mi alcance a todas las mujeres del universo sin temor a ser agredido o ridiculizado. Exploré las redes sociales y me abrí varias cuentas de usuario en las que siempre de foto de perfil ponía las abdominales y la barra de lomo de Cristiano Ronaldo. Mi primera experiencia fue con Sheila13, yo pensé, con toda mi buena fe, que el trece se refería al tamaño mínimo de lo que estaba buscando, y si miento en los currículos... vamos, que no veía yo a Sheila13 midiendo con un metro la aptitud de los candidatos, me lancé a la conquista. Desde el principio estaba claro que era una mujer con más experiencia que yo, más madura, con las ideas más claras, la foto del tuenti debía ser la de su hija, pero un caballero como yo jamás sacaría a relucir en una conversación el tema de los años. Después de mucho suplicarla conseguí una cita a ciegas, qué desagradable sorpresa me llevé cuando a la cita acudió su padre, por decirlo de alguna manera, algo enojado. Tras varios dolorosos intentos consiguió introducirme un ratón de tres botones por el ano. Afortunadamente el ratón no era inalámbrico y aunque al principio tuve cierto complejo de Miguel Bosé bailando Don Diablo, pude agarrar el cable muy suavemente y sacarlo aullando como el lobo feroz. Mi primera experiencia sexual cibernética había fracasado y para colmo Sheila13 seguía siendo virgen y yo no.

Eso me desanimó por una temporada, pero aprendí la lección, por la red las cosas nunca son lo que parecen, pero mi culo me recordaba varias veces al día que puestos a fallar mejor dar con una duquesa de Alba que con la doble de Hannah Montana. Entonces probé en los chats, el abanico de posibilidades que me ofrecía era infinito, #másde60, #vírgenes_expertas, y muchos más, pero un canal me llamó la atención #chochogenarias, una tierra por descubrir, El Dorado de mi virilidad. Nada más entrar al canal una tal @doña_araña escribió con letras mayúsculas, “señoras, carne fresca”, fresca no será pero por volumen os vais a hartar, pensé. A los pocos minutos tenía la pantalla que no daba abasto. Hice una primera selección rápida, eliminé a todas las que me metían prisa en la relación debido a lo inminente de su muerte, no quedaron muchas, alguna ni contestó al segundo día. Comencé a tener largas conversaciones con alguna de ellas, pero me conquistó Tragafantas, una moza octogenaria llena de vitalidad.

Con ella he descubierto que el amor no tiene edad, no tengo que fingir ser otra persona porque con sus cataratas no distingue más que manchas en la cam, tampoco existe peligro a que descubra mi psoriasis ni mi mal aliento porque sus hijos no la dejan salir de la residencia, sabedores de sus devaneos amorosos en la red. Tanto nos hemos unido que hemos dado el paso final, el cibersexo seguro, con condón por supuesto, pero lo he vuelto a hacer, he terminado en cinco segundos y medio, aunque ella ha tenido el detalle de fingir el orgasmo. Después hemos jugado al julepe en red en un ciberasilo, es la mujer ideal, la que tanto había buscado.




13) Viaje a las estrellas
Desde niño siempre quise ser astronauta. Recuerdo las películas de ciencia-ficción, las excursiones con el colegio a museos aeronáuticos o el inolvidable día en que el hombre, por fin, puso un pie en Marte. Es uno de esos momentos que se recuerdan para toda la vida y en mí tuvo un efecto aún mayor, puesto que definió completamente lo que sería mi trayectoria a partir de aquel entonces: quería, al igual que aquel astronauta americano, comprobar qué se siente al tomar tierra más allá de nuestra órbita terrestre y poder estar donde muy pocos hombres han estado ni estarán jamás.



Pero, definitivamente, todo lo que imaginé de pequeño estaba muy sobrevalorado. Ahora, en mi misión rumbo a Júpiter, estoy solo en esta nave en la cual no hay absolutamente nada que hacer. No hay ataques alienígenas, no hay emocionantes lluvias de asteroides, no hay piratas espaciales… ni siquiera el ordenador central se ha vuelto loco y ha intentado asesinarme como en aquella película, es un ente bastante dócil. No es que me atraiga la idea de la muerte, pero en este caso casi cualquier cosa sería mejor que este aburrimiento matador en los más profundos y oscuros rincones de la nada. En mala hora dije que no quería en la nave un sistema de hibernación, que quería “disfrutar del viaje plenamente siendo uno con las estrellas”. Por dios, cómo pude haber dicho semejante chorrada.

Sólo había una salida a semejante sopor: un chute. No me hagáis hablar de la de cachivaches de entretenimiento políticamente incorrectos que la NASA instala en sus naves a espaldas de la opinión pública, os llevaríais las manos a la cabeza. Para el caso de los viajes de varios meses de duración existe la ya mencionada cabina de hibernación, en la que el astronauta entra en una especie de coma controlado en el cual no es posible el sueño al no haber actividad en una determinada región del cerebro. Como ya os dije esta cabina la tengo inutilizada por voluntad propia pero, para los que nos movemos en este mundillo y tenemos determinados contactos, existe un software que, una vez instalado “extraoficialmente”, permite que puedas usar tu cabina… digamos que con otros fines más excitantes. Contrabando de emociones fuertes en la aburrida industria aeroespacial, seguro que no os imaginábais eso.

El caso es que, decidido a acabar momentáneamente con mi sopor y tras dejar la nave en un seguro modo de piloto automático, me metí en la inactiva cápsula de hibernación, le instalé el programa pirata y programé mi sueño para 30 minutos, lo justo para gozar de una buena dosis de adrenalina. No estaba en absoluto preocupado porque confiaba en mis años de experiencia como piloto espacial y, qué coño, que no era la primera vez que lo hacía. Cerré los ojos y al abrirlos ya no estaba en mi cápsula de hibernación: estaba tumbado sobre unas margaritas en una pradera durante un día muy soleado en el que, sin embargo, se podían ver las estrellas. Me incorporé para ver mejor el terreno que me rodeaba y allí la vi a ella: rubia, imponente, de curvas infinitas. Estoy casado pero en ese momento no sentía ningún sentimiento de culpa, porque realmente no estaba haciendo nada físico y, qué coño, ¿quién no ha tenido alguna fantasía alguna vez en su cabeza?

Ella se me presentó como Natalia y se tumbó sobre mí, aún sentado sobre las margaritas. Yo, con la confianza que me otorgaba ser el dueño de mi propio sueño, me desaté: la agarré de la cintura y comencé a besarla por todo su voluminoso cuerpo. Ella ronroneaba de placer y yo cada vez quería más y más. Comencé a desnudarla y me puse de pie para quitarme yo también la ropa, y en ese momento ocurrió algo que hizo que se me helara la sangre: sentí una sacudida que me lanzó a varios metros de distancia de mi novia digital. Antes de que me pudiese poner de pie, noté que me empezaba a costar respirar. No sabía qué estaba pasando pero cada vez me era más y más dificultoso encontrar oxígeno, y estaba empezando a perder la consciencia. ¿Cómo era esto posible, siendo mi propio sueño en el cual yo mandaba? Pregunta a la cual Natalia, producto resultado de mi subconsciente y del software que me habían pasado, me respondió aún semidesnuda: “NO DEBERÍAS HABER DEJADO LA NAVE EN PILOTO AUTOMÁTICO. NO CON UN CAMPO DE ASTEROIDES TAN CERCA”.

En ese momento me desperté, y ojalá no lo hubiese hecho nunca: ya no había cápsula, ya no había nave, ya no había nada. Estaba flotando en la inmensidad el espacio, luchando desesperadamente por encontrar oxígeno, mientras a lo lejos los restos de mi nave se alejaban cada vez más entre un mar de asteroides. ¿Cómo pude ser tan imbécil, cómo pude no preverlo? ¿Cómo fui capaz de cometer un error de novato simplemente por tener un poco de asqueroso cibersexo con mi nave? Puto pajillero, imbécil. Ya nada importaba: ni la misión, ni mis ansias de gloria, ni nada. Sólo sabía que no volvería a ver jamás a los míos y que el único titular de periódico en el que aparecería sería en el de una triste elegía a un astronauta muerto y perdido en el espacio. Jamás sabrían qué fue lo que causó el accidente, pero eso poco importaba ya. Unas desesperadas bocanadas buscando algo de aire, mis ojos que se hinchan, mi corazón que se detiene y de repente… la nada.

Y una alarma suena. Allí estaba de nuevo, en la cápsula de hibernación y todo seguía en su sitio. Todo mi cuerpo empapado de sudor, una gran mancha de semen en la entrepierna y mis rodillas aún temblorosas, pero todo estaba en su sitio. Ha sido un buen viaje, el material que me pasaron sin duda era de calidad. De todos modos, para la próxima vez creo que usaré porno del de toda la vida: morir no es una sensación que me apetezca experimentar todos los días.