jueves, 28 de octubre de 2010

Tema libre

¡Chicoooos! ¡Que ésto se acaba! 
Ay qué penita más grande... con lo bien que nos lo hemos pasado con el concurso :)
Bueno, disculpad que hoy seamos breves pero andamos las dos de salud traviesa esta semana, así que iremos al grano: aquí os dejamos los últimos textos, de tema libre.

Como siempre, tendréis una semana para votar (hasta el miércoles que viene, día 3, por la noche).
La semana que viene publicaremos los resultados de las votaciones, así como el ganador final y alguna que otra sorpresilla, jeje.

Que tengáis una buena semana, allá donde os lleven vuestros pasos y... ¡feliz última lectura!



1) Recuerdos

Desde que vine a este mundo he observado a la gente que me rodeaba y no sabes la envidia que siempre he sentido. Porque no eran como yo. Porque toda la gente, los altos, los bajos, los tristes, los alegres, los ricos, los pobres… todo el mundo, todo, tenía a alguien. Alguien en quien apoyarse. Alguien de quien aprender. Alguien a quien acudir en busca de cariño cuando se sentían más vulnerables. Alguien junto a quien emocionarse. Sin embargo, yo sólo he conocido la soledad. Y todo ha sido por tu culpa, madre. 

Mis recuerdos son borrosos, como una especie de neblina en la que se vislumbran siluetas en el horizonte pero que al tratar de alcanzarlas con la mano se evaporan. En mi memoria no hay caídas montando por primera vez en bicicleta junto a mi padre. No existe el olor a tarta por las tardes para merendar. No existe ningún abrazo de consuelo ante mi primer corazón roto. Ninguna foto de familia. Ningún regalo de cumpleaños. Ninguna graduación. La vida sencilla y familiar que cuentan las series de televisión, tal vez, pero la vida que todo el mundo desea llevar. En eso consiste vivir, en acumular experiencias, sensaciones, es lo que nos hace humanos. Pero yo no he experimentado ninguna de esas sensaciones. He estado y estoy solo, y así ha sido desde el día que nos abandonaste a papá y a mí. 

Sin embargo, y aunque pueda parecer que te odio por ello, no es así. Porque sé que no fue culpa tuya. Tú no quisiste que pasara de esta manera. Simplemente pasó. Cuánto te habría gustado estar junto a mí el día de mi boda, la de veces que se lo he oído decir a papá. Jugar conmigo, vestirme, cuidarme y quererme con todo tu corazón como sólo las buenas madres hacen. Como sin duda habrías hecho tú. Pero te fuiste. Nos dejaste a papá y a mí. El día de mi nacimiento. El día de tu muerte. 

Papá nunca se sobrepuso a ese fatídico día, y yo nunca supe qué hacer para hacer que su vida fuera mejor. Me era imposible, no estaba en mis manos. Por más que deseara poder ayudarle, no podía, y esa frase que tanto repetía de que ella “nos cuidaba ahora desde más allá de las estrellas”, siendo sinceros, no nos aportaba a ninguno de los dos el más mínimo consuelo. Aquel día le perdí a él tanto como te perdí a ti. Sólo fue cuestión de tiempo el quedarme definitivamente solo. Sin ayuda. Sin presente, sin futuro, sin nada que hacer en este mundo. Ya nada me ataba aquí, por eso el día que murió papá el círculo se cerró y, simplemente, lo supe. Ya no tenía ningún sentido seguir en este mundo de vivos, de emociones, de sentimientos y experiencias tras todo este tiempo transcurrido desde el fatídico día en que ni mi madre ni yo sobrevivimos al parto. Por qué tuviste que hacerme esto, madre. Pero no te culpo. 

Ahora estoy perdido. No sé qué hacer o a dónde ir. Sólo existe esta calma inmensa llena de recuerdos que nunca viví. Es extraño: ¿por qué añorar experiencias que nunca he tenido? Estrellas, bautizos, pasteles, bicicletas. Bodas. Pero sé que algún día esto cambiará. No sé dónde estas tú, ni dónde estoy yo, pero sé que algún día te volveré a ver. Y a papá. Os encontraré de nuevo por primera vez y todo será como siempre lo he soñado. Como siempre debió ser. Los tres juntos.



2) Vodka

Dedos largos, húmedos, calidos, se estiran, se alargan, se acercan. Tras ellos no hay malicia. Sólo se deslizan, se transmutan, dejan de ser lo que son, se convierten en una caricia. Sin demora, deberías amarla, aquí y ahora, pero te apartas, te alejas a un rincón de la buhardilla. Eres una ardilla esquiva, mohína y siniestra.
Oyes la lluvia, pero las calles son cadáveres resecos. Nada se mueve más allá de tu ventana. Llueven rayos de sol que se estrellan contra los tejados, aniquilando insectos, humanos y pájaros en su descenso.
Ella es inteligente y bella pero ésta noche acabará borracha. Te ama -o al menos cree que lo hace-, sin embargo no esperará para siempre. Tú, no eres más que una sombra chinesca. No bebía vodka antes de conocerte. Ella se levanta. Coge la puerta y se va. En tu retina se deja sus curvas y ahora te frotas como un mandril en celo; como un chimpancé herido que sólo quiere correrse antes de morir.
¿Cuantas posibilidades de vida hay en una gota de semen? Si el aborto es asesinato, una paja, sin más ánimo que el de la autosatisfacción acaso, podría ser considerada como un potencial genocidio.
Empiezas a parecerte a un personaje de Houellebecq; esto no es necesariamente malo, pero desde luego, no es bueno. Conviertes todo lo bello en algo grotesco. Chiscas, te arrodillas, te flagelas. Duele.

Duérmete, niño chico
que viene el coco
y se lleva a los niños
que duermen poco.
Y duermes.

Era el quinto novio de tu madre en un año. No echabas de menos a papá, pero estos tipos tampoco te inspiraban confianza; sucias hurañas miradas masculinas. Preferían jugar con tu mamá, beber líquidos con sabor a madera y aspirar azúcar por la nariz.
Aquel quinto era distinto. Divertido. Irradiaba calor. Parecía interesarse por ser tu amigo. Era agradable y olía bien. Fue a él a quién llamaste.
Hacía frío, pero bajo tus sabanas y edredón estampados se estaba agustito. No conocías aún el miedo a la oscuridad y con curiosidad, probabas a captar cada vez mayor número de ruiditos nocturnos. El quinto y mamá apenas salían y teniéndolos a dos habitaciones de distancia te sentías seguro.
El orgullo de mamá, el niño más bonito, oyó algo que cortó su respiración. Pasos en el pasillo. Sonaban distintos a todos los pasos que habías oído en su corta vida. Eran pasos sin ritmo, sin cadencia; pasos que intentaban esconderse. Los habías descubierto, y muy quieto en tu cama, cerraste los ojos con fuerza, hasta ver lucecitas blancas. Con sigilo, el bicho desconocido avanzaba y tú, te dijiste que sólo imaginabas.
A partir de aquí, en tu memoria todo sucede muy deprisa. El bicho irrumpe. Intentas pedir ayuda, pero una mano ruda te sujeta y otra te enmudece. Todo es confuso. Olor dulzón. Temprano te marchitas.
Los grillos le cantaban una nana a los barrotes de tu cuna. Tu padre había sido el primero, el quinto sólo fue el segundo. Sólo cerca de la treintena y con psicoanálisis sacaste fuera toda esta mierda. ¿De qué sirve categorizar los daños irreversibles?

El nudo gordiano que tienes por estómago parece apretarse más y más. La bella prostituta asiática, con su piel de cera sin mácula, te mira impotente. En cuanto te toca, te repliegas como un gasterópodo acojonado. Eres un reto para ella. Le debería importar algo más que 0, y sin embargo, parece preocupada, es una verdadera profesional. Con ese egoísmo tuyo de siempre, le pides que te deje en paz. Has pagado por tus cuarenta minutos de felicidad. Con un pulgar en la boca, te friccionas contra las sabanas. Ella deja de mirar y tú te sientes un poco más podrido que de costumbre.

De vuelta a casa la encuentras en aquel callejón, anudándose con otro, estrujándose, retorciéndose. Quieto, observas. Ella te ve y gime, se suelta, se aparta, te sigue. La noche os engulle.
Ya en el piso, te resistes como un gallo de pelea. Su beso te supo a puro etanol y a despedida. Ella, medio ebria, te miró asustada. Estabas frío como un cadáver. Los esfínteres dilatados. Retiró sus manos de tu pecho y asomó el asco en su rostro. Una pizca de lloro brotó tras la comprensión de que eres un disminuido sexual. Little bastard. Otro macho cabalgará su grupa.
Te desea buena suerte, no hay maldad en su adiós.

En tu recuerdo, la cuna arde.
Hoy, todo gira en torno a saber cuando te has de inmolar; en qué momento, en qué lugar.
Duérmete niño, cinco lobitos, arre caballito, estaba el señor Don Gato, Mambrú, tengo una muñeca vestida de azul… Fuck you.



3) Tu huella

Simplemente soy yo. Con mis cosas buenas y todo lo malo que pueda tener. Con el alma hecha pedacitos esperando recomponerse pero sin encontrar la forma.
Ahora solo me queda esperar. Dejar que pasen los días y que éste dolor que tu adiós me ha dejado forme tal parte de mi vida, de mí día a día, que ya deje de sentirlo como tal, y hasta puede que llegue a tomarle cariño.
No dejo de pensar en tus manos. No dejo de pensar en tu boca, ni en tus palabras.
Te supiste vender muy bien, pero cuando llegó la hora de demostrar lo hombre que eras, el niño que hay en ti salió corriendo y creo que después de todo éste tiempo, aún no ha dejado de hacerlo.
Huir es lo más fácil para todos, y que sepas, que aunque no te guardo rencor, tampoco puedo recordarte con todo el cariño con el que debería.
Me duele la piel si pienso en ti, y ardo en deseos de ti. En muchas ocasiones me gustaría salir corriendo en tu busca,  mirar tus fotos,  leer tus cartas, pero ahogarme en el pasado no es la mejor forma de saciar ésta ansiedad que me dejó tu ausencia.
Intento todos los días levantar la cabeza, dibujar una sonrisa en mis labios, y hacerle creer al mundo que todo va bien, pero si de algo te ha servido el tiempo que hemos pasado juntos, es para saber que no es así.
Que te echo de menos, más que a nada y a nadie.
Que no hay día que no pase sin que tu nombre venga a mis labios y no pueda evitar pronunciarlo con una tristeza alegre en mis ojos.
Que no marco sola el caminar de mis pasos, sino mis pies buscan escenarios compartidos para recrear esos momentos a sabiendas de que recordar duele.
Y es que, como ya te he dicho, yo, soy simplemente yo, y no me puedo negar a mi misma tu recuerdo.
Aunque pensar en ti, no hace que todo se ensombrezca para mí, ya que son muchas las risas que me has robado, y otras muchas las que te regalé y que aún hoy recuerdo con cariño.
Son muchas las canciones que hemos compartido y que canto una y otra vez con una única imagen en mi cabeza…
Quizás nunca nadie lea esto, pero antes de nada, o mejor dicho, antes de todo, quería dejar constancia de lo que has sido para mi, y de lo que ha significado perderte.

A partir de mañana haré el firme propósito de no pensar más en ti. De ocultarme a mi misma lo que aún te amo, y abrir mi corazón al resto del mundo, para que así, éste dolor pase a segundo plano.
A partir de mañana, tu nombre quedará prohibido para mis labios.
A partir de mañana, mi piel dejará de sentirte y el deseo que por ti siento deberá desaparecer.
A partir de mañana, necesito que dejes de existir
Pero todo eso a partir de mañana… por eso hoy decidí he decidido vomitar éstas letras para empezar a limpiarme de ti.



4) Nada

Los garabatos que trazo
Nunca te dirán lo que significas para mí,
Ni los susurros que escribo en pretendida poesía
Tampoco te lo dirán.

Superas al fuego y a la lluvia
Al amor y al dolor,
Las palabras son demasiado simples
Para explicarlo.

No hay primavera comparada
Con las que florecen en tus ojos,
Los sabios revelan su ignorancia
Cuando tratan de hallar una respuesta a ello.

Desbordas a la tierra
Porque eres la raíz,
Y los ruiseñores enmudecen
Al contemplar toda tu belleza.

Los océanos no son lo bastante profundos
Para ahogar mi sentimiento,
Ni las montañas lo bastante altas
Para mostrarlo al mundo.

Nada significa nada sin ti,
Eres eternidad y redención
Y la razón de mi vivir,
Porque lo eres todo
Para mí.



5) Segundas partes nunca fueron buenas

- Vamos Miguel, ¡que será todo un bombazo!
- No, si eso ya me lo imagino. Pero ya sabes lo que opino de las secuelas: las aborrezco. Una historia debe tener un comienzo, un desarrollo, y un final. Usar los mismos recursos una y otra vez, por mucho que agraden a los lectores, es no tener ganas de trabajar. Un escritor con talento debería saber ofrecer lo mismo pero con diferentes envoltorios. De otra forma ya no es un artista; es un mercenario de las letras. ¿Qué es lo que me quieres pedir? ¿Una saga completa?
- Miguel, Miguelitooooo…. ¿Pero te has parado a pensar siquiera un momento? Tu obra ya es Historia, eso nadie te lo va a quitar. Todo un veterano de guerra, con tanta vida a tus espaldas… con tu pluma has sacado punta a todas las mediocridades de nuestra actual sociedad, te has metido con todo y con todos… la burocracia, la ficción incontrolada, la hipocresía moral, la realeza… ¡hasta con la iglesia! ¡te has burlado de la iglesia, Miguel, y la gente te adora!

El escritor se alejó, pensativo, hasta la parte central del salón. A pesar de habitar casi en pleno centro de la ciudad, la multitud de velas que iluminaban la estancia le daban un aspecto más cálido y acogedor. De espaldas a su interlocutor, el escritor respondió.

- No estoy seguro. Ya sabes como trabajo, me da miedo insistir sobre un tema que ya he dado por zanjado y acabar aburriendo a los lectores. ¿Cómo continuar una historia cuando en mi cabeza ha terminado tan claramente?
- Vamos, por favor… Ya sabes que eso nunca ha sido un problema. Si el protagonista sigue vivo al terminar la novela, nunca ha habido problema en continuar. Y si se muere… puede continuarla su compañero, esposa, familia, amigos… Maldita sea, Miguel, ¡si es necesario hasta se le resucita por arte de magia! Parece mentira que hayas leído tanto y no veas esto...
- Me sabe mal decirte que no, ya lo sabes, pero se supone que tu tarea es vender mi trabajo, y no decirme en qué debo trabajar.
- ¡Y ya creo que vendo tus obras! Tengo el negocio saturado sacando copias y mas copias de la tuya, han llegado peticiones de traducción de todas partes de la cristiandad, la gente quiere mas aventuras del protagonista, y tú te niegas.
- …pero…
- Y la gente tendrá sus aventuras, Miguel. Aunque tú no las escribas… Tal vez hayas oído que están copiando tu estilo…

El escritor ya no pudo disimular por más tiempo. También había escuchado esos rumores acerca de escritores noveles que imitaban, si no directamente copiaban, su creado género literario. Algunos incluso usaban sus personajes directa o indirectamente, con la intención de atraer compradores potenciales. En realidad, hacía tiempo que se había rendido y decidido a escribir una segunda parte, pero no quería, no podía confesarlo de forma tan clara.

- Está bien, lo pensaré. Lo intentaré. Pero no te prometo nada.
- ¡Para mí eso es mejor que un contrato firmado, amigo! Gracias por haber entrado en razones… Me voy que ya se me hace tarde. Seguimos en contacto, ¿eh? Hasta pronto…

Al marcharse, el escritor caminó decidido hasta el atril donde solía escribir en sus momentos de inspiración. Se acomodó, mojó la pluma en su desgastado tintero, y comenzó a escribir las palabras que había estado madurando durante los últimos días…

“Cuenta Cide Hamete Benengeli, en la segunda parte desta historia y tercera salida de don Quijote, que el cura y el barbero se estuvieron casi un mes sin verle, por no renovarle y traerle a la memoria las cosas pasadas; pero no por esto dejaron de visitar a su sobrina y a su ama...”
                                                 


6) Momentos cruciales

Hay escenas que por veces que las veamos no dejan de emocionarnos como la primera vez que la vimos. Puedo ver hasta diez veces seguidas la escena donde Francesca y Robert se ven por última vez bajo la lluvia en Los puentes de Madison. Podemos identificarnos con ella en ese momento tan crucial donde tiene que elegir si dejarse llevar por un amor lleno de pasión o por un amor sensato. Vivir la vida como su carácter le hubiera gustado vivir o no hacer daño a un buen hombre, que dentro de su torpeza, la ha querido a su manera.

Meryl Streep borda este personaje, una mujer con gran carácter y sueños que se conformó con lo que la vida le permitió hacer. Que guardó sus sueños en un cajón por el amor  hacia su esposo e hijos, y no lo hizo con amargura sino con la convicción de que era lo que debía hacer. Hasta que llegó él, ese hombre con tanto mundo vivido que le revivió sus sueños enterrados de otra vida posible por vivir.

Ese momento crucial, esos segundos eternos, de ella dentro del coche con la manilla de la puerta en la mano, a punto de saltar del coche. De dejar atrás una vida sosegada y segura pero sin las emociones que su alma necesita para sentirse viva,….uf… es sublime.

Y ese hombre que nunca había necesitado a nadie, esperándola con el alma en vilo a que ella se decida a irse con él, poniéndole la cruz que ella le regaló como intento de tirar sus muros de indecisiones y que corriera hacia el coche….. inigualable.

Esos pequeños gestos que te llenan de emoción, son los que hacen grande a una película. Esas pequeñas historias de grandes momentos en la vida de cualquier persona, las hace imborrables para cualquier aficionado al cine, porque son tan reales, con sentimientos tan auténticos que traspasa la pantalla y nos toca la piel, grabando en nuestra memoria cada pensamiento vivido mientras la veíamos, como si esos sentimientos fueran nuestros, porque por un espacio de tiempo hemos sido Francesca y Robert.

Aun espero a que Francesca termine de tirar de la manilla, abra la puerta y corra al coche de Robert y se vayan juntos para vivir una vida  llena de emociones, que le hagan sentir a Francesca estar plena y no vacía como hasta entonces.



7) Planes que no esperas

La vida tiene planes que no esperas. Puedes cruzar tranquilo una calle con tu semáforo en verde y que un conductor te arrolle, o sentir un pequeño dolor en el costado y que un médico te anuncie que te mueres. Tiene planes no escritos. Un día estás bien y al otro simplemente, no estás.

Se llamaba Luis Guerrero Martín y estaba... bien. Trabajaba en una fábrica de piensos, llevaba una vida normal. Cada martes y cada jueves iba a tocar el bajo con su grupo de rock. Sonaban a lata, a muchos instrumentos tocados a la vez con un cantante berreando canciones que ni ellos mismos entendían. Pero se sentía orgulloso de lo que hacía.

Esos días, su novia Eva le esperaba en el Art con sus amigas, un garito al que ellos solían acudir. Sin embargo, aquella tarde/noche Eva cambió los planes y quedaron en el Marley; le envió un sms, que recibió indiferente.

Al salir del ensayo se abrigó bien; se protegió del frío del norte, subiendo las solapas y se dirigió a aquel bar. Apenas se veía su cara, camuflada entre los oscuros ropajes.

A unos cientos de metros de distancia se hallaba un hombre, también de oscuro. En el suelo que él pisaba habían varias colillas. Hacía tiempo que esperaba. Vio acercarse a Luis por la acera contraria y dio su última calada. Después tiró la colilla y la pisó.

Esperó a que rebasase su posición y salió de su agujero; cruzó la calle y se puso detrás de él. Luego aceleró el paso. Luis no se percató de su presencia, sumido en sus pensamientos.
El hombre se colocó a la par y súbitamente sacó una pistola. Disparó. El tiro le entró por un lado de la cabeza y le salió por el otro, destrozando también el escaparate de una tienda de fotografía. El cuerpo de Luis chocó contra la valla de aquella tienda antes de caer.

En el cristal quedaron restos de sangre y sesos. Quedó muerto en el suelo y su agresor siguió su paso, tranquilamente.
No hubo mensajes en el móvil de Eva aquella noche diciéndole que la quería, no hubo nada.

Dos días después, el móvil sonó en el hotel de aquel asesino.
- Guerrero sigue vivo - dijo una voz -.
- Es imposible - contestó -; le disparé a bocajarro.
- Te equivocaste de objetivo.
- ¿Que? Era idéntico al de la foto.
- Era su hermano.

Felipe Guerrero Martín era un tipo descuidado; un poco bocazas. Si todo el mundo sabía que andaba en cosas sucias es porque él mismo lo aireaba.
Siempre cogía la misma ruta desde su casa para ir al Marley, donde iba todas las noches. Su hermano Luis había dejado de ir para no verlo. Era un tipo de costumbres; sin embargo esa noche no fue.

Su madre le había enviado a recoger a su hermano porque se sentía indispuesta y requería atenciones. No se fiaba de su hijo mayor. Y Luis, tocando el bajo había apagado el móvil.
Sin embargo, cuando llegó Felipe, el local estaba vacío y volvió sobre sus pasos, maldiciendo por tener que cuidar de lo que el llamaba su 'vieja'.

Aquella noche se derramó sangre inocente. A veces hay cosas que no se pueden evitar, encontraron el cuerpo de Felipe en a miles de kilómetros de donde cayó su hermano, al otro lado del
mundo, en una carretera comarcal de Colombia.

Su camisa estaba cubierta de sangre y tenía dos disparos en el rostro, el que seguramente lo mató y el de gracia, por si acaso.

La vida tiene planes que no esperas; un día estás y al otro, simplemente no. Otras vidas sin embargo transcurren por angostos caminos y un único destino final, su tiro de gracia. Cuestión de tiempo.



8) Libre

Por fin le habían dado la razón. Él no había hecho nada. El atraco al banco había sido cosa de otra persona, el guardia de seguridad no había resultado herido por su arma… entre otras cosas porque nunca había tenido una.

Claro que la absolución llegaba un poco tarde. Once largos años había pasado entre rejas, en una celda que, más que el sucio agujero que se veían en las películas, se parecía a un aséptico hostal. Compartiendo patio con asesinos, ladrones y unos cuantos que también decían que eran inocentes. Intentando llenar el tiempo con las actividades de prisión, evitando así tener demasiado tiempo para pensar.
Pero eso se iba a acabar. La Policía había detenido a un ladrón que casualmente tenía la pistola usada en “su” atraco, por lo que habían tenido que reconocer su error.
Su abogado le decía que esto le daría una buena suma como indemnización. Y oye, aunque el dinero no era importante para él, lo necesitaría para volver a empezar.
Al día siguiente iba a salir libre.
Libre.
Libre. Qué hermosa palabra, sobre todo para el que la ha perdido alguna vez. La mayoría no tiene conciencia de su auténtico significado, no valoran lo que significa respirar el aire de la mañana, ir a pasear por el parque o tomar unas cañas con los amigos. Para la mayoría, la libertad la dan por descontada.
Empezó a pensar en todas aquellas cosas que no había podido hacer en los últimos once años. Se sentía feliz porque, por fin, iba a poder hacerlas. Recuperar su vida ahí donde la había dejado.
Claro que no sería fácil. La distancia enfría las relaciones, y no sabía muy bien cómo le recibirían familiares y amigos. Pero confiaba que con un poco de tiempo las cosas volvieran a como eran antes. Tendría que buscar un trabajo, aunque con la indemnización no era demasiado urgente. Tendría que acostumbrarse a las nuevas rutinas, a los nuevos horarios. A vivir de otra manera.
Le daba un poco de miedo. Llevaba tanto tiempo allí, que casi era todo lo que recordaba. La cárcel era demasiado real, y el mundo exterior se asemejaba más a los bosques de los cuentos de hadas o el País de las Maravillas.
Pero el miedo era lo de menos. Al día siguiente iba a adentrarse en ese mundo extraño, aunque prometedor.
Aquella noche apenas pudo dormir. Los minutos pasaron lentos, muy lentos.
Por fin amaneció. Recogió sus cosas, esperó pacientemente a que el funcionario viniera a buscarle, y juntos pasaron por control, para recoger sus cosas.
Tenía la puerta ante él. El vigilante pulsó un botón y la puerta empezó a abrirse. Comenzó a caminar hacia la salida, lentamente, disfrutando del momento y la emoción. Por fin cruzó la puerta.
Se detuvo antes de llegar al coche de su hermano. La puerta se cerró a su espalda.
Era libre.



Y ahora… ¿qué?




9) La vida desde un punto de vista triste

Cuando nacemos o después cuando somos unos pequeños bebés no nos enteramos mucho de las cosas.  ¿Quién tiene un recuerdo mental de cuando tenía cinco meses?  Nadie.
Cuando tenemos seis o siete años, si tenemos recuerdos, pero son tristes ya que o bien queremos ser más mayores o bien que nos traten como a un bebé.  Nos resulta incómoda esa posición intermedia.
Y qué decir de la adolescencia !!    Todo son problemas, odios, disputas…
Por fin ya somos unos jóvenes que hemos superado la adolescencia…, pero vaya;  no tenemos trabajo, no tenemos dinero, y para colmo hasta perdemos a nuestro amor.
A partir de los treinta años, la cosa debería de estabilizarse ya que por suerte tenemos trabajo y algo de dinero.   No te has casado con el amor de tu vida, pero… eres relativamente feliz.    Feliz hasta que sin darte cuenta tienes dos hijos que te hacen pasar todo lo malo que tu has vivido anteriormente.   Y ahora, visto desde aquí, todavía es más duro…
Pasas unos amargos años hasta que tu edad ya empieza por cinco y te empiezan a doler cosas que ni sabías que existían en tu cuerpo.
Tus hijos te han chupado todo;  la salud, el dinero… y sin darte cuenta eres un viejecito en silla de ruedas en una fea residencia de ancianos…



10) Adiós

Como quiera que justo en el momento que nos decían que el último tema del concurso de bloggers era libre, se produjo el fallecimiento de mi madre, voy a aprovechar el espacio para hablar un poco de ella. En realidad no tengo gana de escribir y no puedo pensar en otra cosa. No se me ocurre ni un solo tema sobre el que escribir. Y sé que se enfadaría si me expulsaran del concurso en el último momento por no escribir el último relato por no estar concentrada en nada. Sé que no va a ser ni siquiera un relato bonito ni nada parecido porque no tengo la cabeza despejada. No recuerdo que me doliera tanto desde hace meses. Estoy tan aturdida... Como todas las madres-supongo- tuviste cosas buenas y cosas malas. Como todas las hijas –supongo- en ocasiones me fije más en estas últimas que en las primeras. Afortunadamente la vida nos concedió unos últimos momentos de tregua, de mirarnos en paz, pasando por encima de muchas cosas y quedándonos con lo importante, estableciendo las prioridades con el corazón. Parece increíble que hace unas horas me despidiera de ti como si fuera a volver a verte en unos instantes: “bueno mami, que me ya voy, el jueves estoy aquí, pórtate bien” mientras te daba un beso. El ultimo. A partir de ahí, el jueves, el caos, la pesadilla, el aturdimiento. La llamada comunicando, estallar en llanto, los tramites, los ritos, los abrazos y el consuelo de la gente (que nunca podre agradecer lo bastante), el adiós… Podría recordar todo ese magma de cosas inconcretas por el shock, pero prefiero recordar aquellas que siempre nos hicieron reír o sentir bien, las cotidianas: las frases geniales, las comidas insuperables, las bolsas de chuchillas siempre preparadas para los nietos, tantas cosas que ahora soy incapaz de recordar… Y del último momento me quedo con las risas con mis hermanos, unidos aun más que nunca, mientras te lanzábamos al viento y en un amago inesperado de la brisa en la que querías sentirte envuelta para siempre, reprodujiste esa escena de “El gran Lebowski” con la que habíamos bromeado momentos antes. Sé que esas risas son lo que hubieras querido en ese momento y me siento feliz de haberte podido despedir de esa forma. Un beso para siempre mama.



11) Adiós, tristeza


Levantó la mano para despedirse aunque sabía que él ya no miraba.

Su primer impulso fue correr tras él pero se resistió, no debía dejarse llevar por el momento, debía dejar que le recordara así, como ahora, rota pero serena, fuerte, perfecta.

Como si fuera una película de los años cuarenta, sus ojos acompañaron al vagón mientras se alejaba, consciente de que hasta un fotógrafo aficionado hubiera sido capaz de captar en blanco en negro la intensidad de sus sentimientos.

Se quedó allí, de pie, inmóvil, en medio de un andén lleno de pasajeros que arrastraban sus maletas y se ponían los abrigos y bufandas. Ya hacía frío. Y pensó que abrocharse el abrigo hasta el último botón y hundir las manos en los bolsillos le daría a su imagen ese toque dramático a lo Doisneau que tanto le gustaba.

Era la imagen fija perfecta para la portada de un best seller: una estación de tren abarrotada, con una coreografía perfecta en constante movimiento pero que quedaba en un segundo plano. El movimiento no importaba porque su presencia paraba el tiempo.  Ella era la protagonista.

Siguió inmóvil porque sabía, SABÍA, que habría decenas de ojos apreciando la belleza de su silueta reinando en la estación de tren. Notaba las miradas de compasión, de simpatía, notaba la comprensión de los desconocidos que se cruzaban con ella, lo veía en su cara. Una sonrisa estuvo a punto de traicionar la estampa, pero supo contenerla a tiempo y nadie se dio cuenta.

El frío amenazaba con estremecerla y romper la perfecta imagen que había construido así que se volvió lentamente, para dar a su público una última muestra de su grandeza. Con la cabeza bien alta y una ligera mueca de dolor, abandonó el andén 1. Todo había sido perfecto.

Bueno, casi perfecto. Lamentó el imparable avance del progreso. Los trenes de ahora no son como los de antes, pensó, todo hubiera quedado mucho más triste con una locomotora humeando el adiós. Y siguió andando, con dignidad, con entereza.

El altavoz anunció la salida de un tren y, por un momento se le iluminó la mirada.

Se dirigió hacia el andén 3 y buscó a un desconocido cualquiera para despedirse de él y desearle buen viaje en silencio. Construyó de nuevo a una mujer sola y triste despidiéndose de su amado. Volvió a convertirse en la imagen fija perfecta para la portada de un best seller.



12) Sit tibi terra levis

Tiene frío, tiene miedo, sabe que hoy puede morir.

Siente el bullicio a su alrededor, y el vino mezclado con agua en su estómago, le reconforta. Recuerda sus últimos días en Roma pero no los echa de menos, a fin de cuentas es mejor la vida de soldado que terminar apaleado como un perro en cualquier rincón del Subura, el barrio más populoso de Roma. Allí, en sus estrechas calles, donde se hacinan los más miserables, los matones y las meretrices, allí, donde brillan los puñales en cada tabernae y donde se escucha blasfemar en mil lenguas a los esclavos traídos de todos los confines de la república, se crió sin una familia, sin una madre, sobreviviendo como un ratero esquivando las cuchilladas del hambre. Vivo o muerto no piensa volver jamás, es un buen pensamiento, eso hace renacer la esperanza dentro de él, o puede que sea el vino o puede que sean los primeros rayos de sol que acompañan al alba.

No se arrepiente de haberse alistado en las legiones, huyendo de su pasado y del hambre, aunque fuese como un miserable soldado auxiliar, eso es lo de menos, no quiso matar a ese hombre pero ya es tarde para arrepentimientos, está seguro que es mejor morir en combate que crucificado, y sabía que si le atrapaban iba a ser crucificado. No le importa ser poco más que escoria para el legado que, con cara de desprecio, les da las últimas órdenes a lomos de su caballo, ¡estúpido niño barbilampiño! Le devuelve con frialdad la mirada mientras que una oleada de orgullo es bombeada por su corazón, tiene miedo pero al mismo tiempo está deseando demostrar su valía en el campo de batalla. Repasa con detenimiento su armamento, mira la jabalina, acaricia el filo de su espada corta, el gladius, sabe perfectamente lo que tiene que hacer con ambas a pesar de llevar poco tiempo alistado, él es un matón de la calle y no ha necesitado mucha instrucción para aprender a sobrevivir entre los soldados.

Los toques de las cornetas le devuelven a la realidad, ya es completamente de día y el general les ordena formar, si hay suerte hoy el enemigo les presentará batalla. Mientras alcanza su puesto entre las primeras filas piensa en la guerra y no se asombra al llegar a la conclusión de que no la entiende, no sabe por qué lucha y no siente ningún tipo de odio o rencor contra sus enemigos. Las razones de la guerra son de otros, piensa, él solo se contenta con sobrevivir a un nuevo día y llevarse su parte del botín, al pensarlo esboza una sonrisa, el general siempre es generoso con quien le sirve bien. Cuando por fin alcanza su posición se sorprende ante el sentimiento de excitación que le provoca verse cara a cara con la muerte, si sobrevive se promete gastar algún as con aquella muchacha siria que como muchas otras sigue a las legiones en búsqueda de fortuna y mejor vida. Si consigue que le licencien con un pedazo de tierra se casará con ella.

A pesar del frío comienza a sudar, vuelve a sentir miedo, desde su posición en lo alto de la colina puede ver los millares de bárbaros formando, parecen enormes, parecen fieros, por supuesto que no disponen de su equipamiento y de su formación pero aun así son peligrosos. Repasa con su mirada el horizonte y queda aterrado cuando sus cuentas mentales le dicen que son inferiores numéricamente al enemigo por lo menos tres a uno. Sin embargo el general nunca ha sido derrotado y eso le hace sentir mejor. El terreno para plantar batalla es bueno, despejado de obstáculos para que las legiones puedan maniobrar sin problemas y decididamente cuesta abajo, sí, es un buen terreno para combatir, además tienen el sol a su espalda y los germanos llegarán al choque ciegos y extenuados. Agarra con fuerza la jabalina al sentir gritar con furia a los guerreros germanos, su respiración se acelera al escuchar el estruendo que provocan al salir en estampida corriendo hacia ellos, la tierra al temblar le hace recordar a Anibal y a sus elefantes aunque nunca los ha visto, no puede evitar sentir una gran admiración al pensar en los soldados que se enfrentaron a ellos.

Ve a los germanos acercarse mientras que con el rabillo del ojo observa las primeras escaramuzas de las unidades de caballería por los flancos, dependen de esa caballería para alcanzar la victoria y los germanos son excelentes jinetes, no lo tiene claro. Y los germanos siguen avanzando, ya casi puede ver sus rostros, el legado jura por Marte que destripara él mismo al primero que lance una jabalina antes de tiempo, para no tener barba tiene coraje el niñato. Levanta el brazo, bascula la jabalina y escucha la orden de arrojarla, lo hace con todas sus fuerzas para seguirla con la mirada hasta ver como atraviesa la garganta de uno de sus enemigos. Pero no tiene tiempo de celebrarlo. Con rapidez sujeta su escudo y su espada tratando de dejar el menor hueco entre sus compañeros de los lados.

Aprieta sus pies contra el suelo mientras siente el calor de su propia orina recorrer sus piernas, el choque es brutal, un calambre recorre el brazo que sujeta el escudo a la vez que retrocede medio metro. Nota el olor del primer enemigo a tan solo unos centímetros, pero no le ve, siente como le comprime contra las filas traseras que, afortunadamente, no ceden terreno, es momento de reaccionar. Busca los huecos entre los escudos y comienza a acuchillar, al principio al vacío, toma aire y localiza de nuevo a su presa, vuelve a lanzar el brazo y esta vez encuentra su objetivo, nota chocar la punta de la espada con los huesos del germano y como va desgarrando los tejidos cuando trata de sacarla.

Repite el gesto mecánicamente hasta que el legionario de al lado cae entre alaridos de dolor, un nuevo compañero ocupa rápidamente su puesto, pero para él ya es demasiado tarde. Uno de los germanos, aprovechando el espacio, ha lanzado su espada contra su muslo y le ha alcanzado. Nota como esta vez las que se abren son sus carnes y como la sangre fluye a borbotones hasta dejarle sin fuerzas para seguir luchando. Sabe que su batalla ya ha terminado, aunque afortunadamente no está muerto. Nota como le arrastran a la retaguardia mientras que unos auxiliares tratan de hacerle un torniquete llamando a voces a uno de los médicos. Entra en un duermevela mientras piensa en su futura casa en Hispania, y en los ojos de la muchacha siria de la que no recuerda su nombre, nunca se lo ha preguntado.

Y ya no tiene frío, ya no tiene miedo, ya no siente nada.

jueves, 14 de octubre de 2010

El principio del fin

¡Buenos días a todos!
Hoy venimos algo tristonas Mae y yo, que ya queda poco poco del concurso... ¡quién nos iba a decir que el tiempo pasaría tan rápido! Hace nada estábamos empezando este proyecto con toda la ilusión del mundo, y hoy venimos a traeros el último tema...


Pero bueno, dejemos los dramatismos que aún no se ha acabado el asunto: ¡no os disperséis! Esta semana queremos agradeceros a los que seguís con nosotras todo vuestro esfuerzo, ganas e ilusión. Que llevamos ya 5 temas, y en todos os habéis esforzado mucho. Por eso, y para acabar con broche de oro, nos llena de orgullo y satisfacción contaros que EL ÚLTIMO TEMA SERÁ LIBRE. Como el sol cuando amanece, como el ave que escapó de su prisión. y puede al fin volar... (es que me emociono yo sola...) XD

Ya no tendréis excusa para dar rienda suelta a vuestra imaginación y dejarnos anonadadas con vuestro talento, eh. Tenéis dos folios de word por impregnar con lo mejor de vosotros mismos y hablarnos de lo que queráis, ¡no nos defraudéis!
Eso, eso... ahora os toca sorprendernos...

Os recordamos que, como siempre, tendréis dos semanas para enviarnos vuestros textos. Hasta la noche del 27 de octubre, miércoles.


Y sin más demora os dejamos con el ranking de votos de esta semana, que ha estado muy muy reñido:


-1) Segolene, con 29 puntos
-2) Eingel, con 24
-3) Albret, 23 puntazos
-4) Sil, 21 puntos
- 5) Vatna con 20

Por cierto, quería deciros que a pesar de haber votado muchos en el último momento, (en la última hora... en el último minuto, incluso) estoy orgullosa de vosotros: ¡no ha quedado nadie sin mandarnos sus votos! ¡lo nunca visto! xDD


En fin...un besote para todos, y ¡a escribir, pajarillos!



SEXTO Y ÚLTIMO TEMA: LIBRE

jueves, 7 de octubre de 2010

A contracorriente

¡Buenos días, queridos concursantes!
Una vez más venimos raudas y veloces a traeros vuestros geniales textos, esta vez con temática referente a ir en contra del mundo, a nuestro aire, a contracorriente.
Me ha llamado la atención lo breves que habéis sido, en general... ¡ningún texto sobrepasa una página esta vez!
En cualquier caso son igual de buenos que siempre; os dejamos con ellos sin más preámbulos. Tenéis hasta la noche del día 14, miércoles que viene, para mandarnos vuestros votos.
¡Besotes y sed buenos hasta entonces!


P.d: Alice Springs no nos ha enviado su texto esta semana, así que -por desgracia- queda descalificada del concurso.



1)  Sin ideas



Cero ideas. Cero frases. Cero propuestas en mi cabeza. Lo siento, pero no puedo hacer un relato de “A contracorriente”; por lo tanto, renuncio a seguir en el Concurso de Miss Mister Blogger 2010. Y no será porque mi experiencia personal me dicte lo contrario. Es más, mi vida siempre ha sido un nadar contra la corriente continua.

Cuando he tenido lo blanco, he deseado lo negro. Cuando he tenido la tranquilidad, he añorado la agitación. Cuando he tenido a ella, he deseado perderla de vista… Y así todo.

Pero una cosa es vivirlo, y otra muy diferente es contarlo. Siempre me he tragado mis sin-sentidos; mis búsquedas del camino correcto; mis frustraciones. De cara a la galería todo es muy bonito; ya que nadie lo intuye, o nadie te cree aunque lo cuentes; así que mejor me lo callo y evito que la gente lea mis desdichas.

Seguiré nadando en el sentido diferente que me llevan las aguas. Y si me canso, me dejaré llevar…me dejaré arrastrar, para empezar de nuevo la lucha.




2) Rosa


Con lo fácil que hubiera sido decir que si. Darles esos nombres. Revelarles esas direcciones. Pero no. La dignidad y la lealtad están por encima de muchas cosas, incluida su propia vida. Sabe que sus hijos lo comprenderán y en años futuros la recordaran con orgullo. Tiembla de frío en mitad de la noche, como las otras, en medio del bosque, donde solo la luz tenue de la luna parece arroparla. Cierra los ojos y se concentra en despedirse mentalmente con un abrazo de las personas amadas justo momentos antes de que el sonido de las balas del pelotón de fusilamiento anuncie su muerte. 



3) La vida es bella


Cuidé a mis hermanos después del colegio.
Hice miles de bocadillos de jamón y queso para merendar. Ellos querían Nocilla.

Se quejaron, pero fue en balde.
Fui una buena estudiante.
Nunca descubrieron ninguna de mis chuletas.
Mis padres nunca recibieron una queja del colegio.
Tuve novio formal.
Mis padres nunca recibieron una queja de mi novio.
Tuve varios amantes formales
Ninguno de ellos se quejó a nadie.
Organicé las despedidas de soltera de mis amigas.
Fui a sus bodas.
Me acosté con sus maridos.
Nadie se quejó.
Dejé de pagar religiosamente todas las letras del coche, del piso, de los electrodomésticos y de la minicadena.
Conseguí engañar a todo el mundo y nunca nadie se quejó.
Siempre fui muy cuidadosa cuando me bajaba porno desde el trabajo.
Fui una empleada responsable, diligente, trabajadora y puntual.
Asistí a todas las cenas de empresa, por aburridas que fueran.
Me follé a uno de mis jefes.
Me ascendieron.
Su mujer se quejó, y le despidieron a él.
Me follé a otro de mis jefes.
Me ascendieron.
Él se quejó, sobre todo cuando le despidieron.
Fui presidenta de mi comunidad de vecinos.
Engañé a la comunidad.
Todos se quejaron.
Dimití.
Todos se quejaron.
Tuve que trabajar cada vez más duro porque mis jefes ya no querían acostarse conmigo.
Me quejé un poco, pero nadie me hizo caso.
Me casé con un hombre rico y heredé su dinero.
Su familia se quejó un poco pero no me importó.
Envejecí feliz, rodeada de mis gatos queridos.
Mis perros se quejaron. Les abandoné en un viaje a Cuenca.

Ahora que soy vieja y que el fin de mis días se acerca, repaso mis días y me siento satisfecha. He seguido las normas y he vivido como todo el mundo, aceptando los premios y los sinsabores de una vida decente, como la que lleva todo el mundo.

Ahora que hago balance de mi existencia me doy cuenta de que dejarme llevar y seguir la corriente ha hecho que mi vida sea fácil, cómoda y segura. Y, a pesar de la sabiduría que me ha dado la edad, sigo sin entender por qué el mundo se empeña en romper las normas, con lo cansado que es.



4) El auténtico chiste verde

Vosotros ya conocéis la historia. Puede que no exactamente como os la voy a contar, puede que cambien los colores o los personajes. Pero la base es la misma.
“Un coche verde tiene un accidente. A los heridos se los llevan en una ambulancia verde, hasta un hospital verde, donde las enfermeras van de verde. Entonces sale un médico de rojo y dice: “Joder, ya me he equivocado de chiste”.
Os suena, ¿verdad? ¿Os parece gracioso? Pues a él no.
No es nada fácil vivir en el chiste equivocado. Desde que sale por la puerta al punto de la mañana hasta que llega por la noche es el centro de atención, el objetivo de todas las miradas. Unos se ríen, otros gritan asustados, la mayoría clava su mirada sin ningún pudor.
Imaginemos un día cualquiera para él. Se levanta temprano, no porque no pueda dormir, sino porque le gusta sentirse normal un poco más. No quiere que llegue la hora de salir a trabajar… pero llega. Si hace frío puede taparse la cabeza con un sombrero y una bufanda, pero estamos en verano y hace calor.
En el ascensor se encuentra a la vecina de arriba, que lleva a su hijo al cole. Ella le mira disimuladamente, pero el niño se asusta y se esconde debajo de la falda de su madre.
Como es una ciudad con mucho tráfico, coger el coche es un suicidio, así que pilla el metro. Ya en el andén siente las miradas, la mayoría extrañadas, algunas burlonas. Llega el tren, y se dirige hacia el fondo para intentar pasar más desapercibido. Obviamente no lo consigue. Transcurre el viaje haciendo todo lo posible por abstraerse del entorno.
El hospital donde trabaja le producen sensaciones contradictorias. La mayoría de sus compañeros se han acostumbrado ya, pocos son los que siguen teniendo problemas con su color. Pero precisamente por eso es donde escucha los comentarios más jocosos y burlones. La mayoría bromas inocentes, pero más de uno las suelta a mala leche.
Y no nos olvidemos de los pacientes. La mayoría no dice nada, pero el rostro les delata. No les gusta nada que un rojo les atienda, pero callan para evitar ser acusados de racistas.
En la calle o en el cine, en el museo o en el supermercado, la escena se repite una y otra vez. Ya está acostumbrado, pero eso no significa que le guste.
Y lo que peor lleva es regresar por la noche a una casa sin presencia femenina, porque está claro que el amor le está vetado, porque aunque ellas dicen que lo importante es lo que hay dentro… con él sólo ven lo de fuera.
Y se duerme pensando que ojalá encuentre a una chica roja, verde o morada, con quien pueda compartir su vida, y entonces seguro que ser rojo no sería tanto problema.



5) Voy a contracorriente, ¿y qué?

Después de darle muchas vueltas buscando un relato para esta semana, no me terminaba de gustar ninguna de mis ideas iniciales.  Delante de la pantalla en blanco no hacia más que escribir una frase y borrarla después, si lo hiciera en una maquina de escribir de las de antes, tendría ya un montón de papeles a mi alrededor y quizás el hecho de arrugar el folio y tirarlo me ayudaría al menos a descargar mi frustración. Porque lo de darle golpes al pc hasta cargármelo no me conviene en estos tiempos de crisis.

En fin andaba yo resoplando y devanándome la sesera cuando me hago una de estas pregunta profundas- ¿porque andaré metía yo en estos fregaos sin necesidad coño, con lo tranquilas que están mis vecinas de chismorreo en la calle? Y entonces se me hizo la luz, YO SOY UN EJEMPLO DE CONTRACORRIENTE.

A mis taitantos años y con una vida ya asentada y con un futuro ya encaminado, descubro esto del escribir. Me abro a un mundo totalmente diferente hasta entonces en mi vida, con amistades que nada tienen que ver con mi vida hasta entonces y encima descubro esto de los blogs.

Lo que mas me choca de este nuevo camino es la misma reacción de quien me conoce o de quien voy conociendo con lo que escribo: que les asombra esta faceta mía, al parecer no doy el perfil.

¿Es que mi aspecto o edad o vida determinan que hay cosas que no se suponen que tengo que hacer o no hacer?

¿El tener sensibilidad o facilidad de comunicarte de forma escrita tanto pensamientos como sentimientos para mi están vetados? Porqué les llama tanto que yo escriba poesías?

¿Las mujeres como yo sólo debemos emocionarnos con las telenovelas, no somos capaces de crear palabras que emocionen a los que nos leen?

¿Somos acaso cabezas huecas, sin capacidad de comunicación?

¿No se puede dar un giro radical en tu vida pasado unos años?

A los que leéis esto, no juzguéis a alguien por el tipo de vida que lleva o por su aspecto y no dejéis que os digan que eso que soñáis no es para vosotros. Id contracorriente, descubriréis personas  que os pueden aportar algo a vuestra vida y si decidís dar el gran giro a vuestra vida os sentiréis más vivos que nunca.



6) Fin


RIÓ CON GANA. Ver a aquel larguirucho con uniforme forestal pronunciar las mismas palabras que su madre, le hizo muchísima gracia. Decidió que, otra vez que se le ocurriese visitar a su abuela, cogería la moto y tomaría la ronda norte.

SE LEVANTÓ un poco magullada, pero teniendo en cuenta cómo había sido la caída, mejor no lamentarse en exceso. El guarda forestal venía corriendo tras ella:
- ¿Estás bien? –preguntó a la chica.
- Sí, sí, tranquilo –sonrió al tiempo que se sacudía la hojarasca de su impermeable rojo.
- ¡Nunca me había pasado esto! –el guardabosques bajaba con cuidado la misma pendiente por el que la chica acababa de rodar.- Ni siquiera sabía que había una casita en medio del bosque.
- ¡Pues ya ves! –respiró hondo.- Hay un acceso más moderno desde la autopista, pero se me ocurrió que sería bueno dar un paseo por la naturaleza.
- No, si la idea es buena, pero en el futuro ten más cuidado. ¡Sobre todo con los desconocidos! Vamos, será mejor que saquemos a su abuela de ahí.

LA CHICA oyó un disparo tras de sí. Tomó conciencia de su propio cuerpo y sintió un gran alivio al comprobar que no había sido herida. En cambio, aquel monstruoso ser que se había abalanzado sobre ella, parecía dejar de moverse. A pesar de ello, la chica corrió y corrió bosque a través, hasta caer rodando por un terraplén totalmente camuflado entre los matojos y las ramas caídas.

EL GUARDA forestal hacía su ronda por el bosque. Nunca tenía demasiado trabajo. Básicamente su faena consistía en que todo estuviera en orden y aquel día el orden era asquerosamente perfecto. Hasta que escuchó a una chica gritar “socorro” en dirección al oeste. Unos rugidos acompañaban a los gritos. Cogió firmemente el rifle con ambas manos y corrió siguiendo aquellos sonidos. En un pequeño claro había una casa de cuya existencia no había tenido noticias, pero no se entretuvo. Vio que había ganado terreno suficiente para afinar la puntería y en cuanto tuvo la cabeza de aquel ser a tiro, disparó.

-¿ABUELA? –preguntó la chica.
El silencio fue toda la respuesta que obtuvo. Las ventanas estaban abiertas, lo que provocaba un baile entre las cortinas y el viento que entraba por ellas. Todo parecía en orden salvo por un detalle. El solitario de rubí, que llevaba la señora de la casa en su mano derecha, estaba en el suelo. Se adentró más en la casa.
-¿Abuela?
-Estoy aquí… -la voz venía del dormitorio, pero no le era familiar.
La habitación estaba a oscuras. Vio sobre la cama una silueta que se levantaba y caminaba hacia ella.
-Se te ven los ojos más brillantes, abuela.
-Sí… así te veo mejor… -debía estar acatarrada, se le oía muy ronca.
-Y la dentadura muy blanca.
La silueta saltó a apenas veinte centímetros de ella.
-¡Así te comeré mejor!

HACÍA un día precioso. El sol, que brillaba en lo más alto del cielo, se dejaba ver entre las hojas perennes de los árboles. Las caducas, otoñales, formaban una alfombra por el sendero. Había dos alternativas: un camino corto, que cruzaba el río a través de un pequeño puente de madera; y un camino largo, que rodeaba el río hasta un punto en que cruzarlo era cuestión de saltar unas pocas piedras. Justo antes de decidir tomar el camino corto, la chica oyó silbidos provenientes del otro sendero. Pensó que podría toparse con algún excursionista que le acompañase en parte del camino, pero pareció haber sido una especie de ilusión, puesto que cuando llegó al río, no sólo estaba sola, sino que además no había encontrado ningún indicio de que en el bosque pudiera haber más personas. Se convenció de que los silbidos pudieran haber sido pájaros y continuó avanzando hasta divisar, entre los árboles, la casa de su abuela.

UNA mañana de domingo, su madre se le acercó y le dijo:
- Hoy tienes que ir a casa de tu abuela, que hace tiempo que no la ves.
- Jo, mamá…
- Ni jo mamá ni nada. Ya de paso llévale esto.
La madre le endosó un canasto con varios tarros de mermelada, una docena de huevos y un kilo de madalenas.
- Y ten cuidado con los desconocidos.

ÉRASE una vez, una chica a la que siempre le gustaba ir con un impermeable con capucha de color rojo. Por eso se le conocía como Caperucita Roja.





7) Río arriba
          
           La pequeña cabaña parece mirarme y pedir perdón. Madera, sucia madera. Inocente pero sucia. Arderás hasta los cimientos.
Arderá la cama y arderá Jack Kerouac sobre la mesita de noche. Arderán en los estantes Valle-Inclán, Lautréamont, Bertrand y Nerval. Burroughs y Ginsberg ya crepitan.
Después se quemara la cocina y en ella el pan y el Cola Cao. Y el plástico de Hendrix, Morrison y mi querida Janis.
Románticos, bohemios, beats y hippies… tan ciegos como brillantes.
Las vigas de vieja madera ceden y la estructura se viene abajo. Ni pena ni consuelo, es lo que me queda.
Dejo atrás las llamas y me interno en el bosque. Conozco cada árbol, cada brizna y no hay fallo en mis pasos.
Y heme aquí, a la orilla de un río tan viejo como el recuerdo más antiguo del hombre. Inabarcable.
Entonces, no sé si es primero el pensamiento o la acción, pero me encuentro a punto de introducirme en esa corriente: impetuosa.
Intento recordar la frase de algún sabio griego que de un poco de sentido a todo esto.
Ya es tarde y habré de morir para comprobar algo doloroso.
Pues aun nadando con toda mi fuerza, con mi último aliento… aunque queramos cambiar el curso de esta agua que nos inunda los pulmones, al final, el cauce toma nuestros cadáveres, los suyos, los de todos, y los arrastran, en su corriente.  



8) Simplemente ella

Ella nació así, diferente, especial, única. Al menos, sus mas allegados siempre la han descrito como: “una chica curiosa”
De pequeñita tenía todas las muñecas del mundo, pero no había usado ninguna de ellas, sin embargo, el balón de fútbol de su hermano, estaba más que trillado por sus pies.
Le encantaba montar en bicicleta y llenarse las piernas con el agua que salpicaban los charcos cuando pasaba sobre ellos.
Sus botas de agua no eran para nada rosas, ni con flores… Tenía unas de camuflaje que eran la envidia de todos los chicos de su barrio.

Al cumplir los 15 años, su padre creyó oportuno educarla musicalmente hablando, ya que era de la opinión de que la música es buena para todo, y ayuda a relajar y a meditar.
Siete eran los instrumentos que había para elegir… Piano, guitarra, violín, violoncelo… Pero no, ella estaba muy convencida de lo que quería y eligió tocar la batería.

Sus compañeras de clase ya empezaban a vestir como “medio señoritas” pero ella no quería quitarse el chándal por nada del mundo. Era con lo que mas cómoda estaba y le daba igual el resto del mundo. A su madre la traía de cabeza, y no dejaba de llamarla “marimacho” aunque a ella le daba igual. Tenía un encanto diferente y la mayoría de los que la conocían, pensaban lo mismo.

Así creció, así vive. Sin pensar si lo que piensa, hace o dice, es lo correcto o no, sino más bien si es lo que ella quiere o no quiere.



9) La paradoja del tiempo

Van como locos, así no me extraña que haya accidentes; todos, absolutamente todos van en contradirección arremolinados, adelantándose unos a otros sin señalar nada.
Si no he chocado con ninguno se tiene que deber al factor suerte.

- ¿No ves por dónde vas? - dicen algunos -.

Pero bueno, por supuesto que lo veo, son ellos los que se empeñan en ir al revés. La verdad, no es la primera vez que me ocurre.

La visibilidad es muy mala, quien construyó esta vía se lució, pero estoy seguro que llegaré a destino. Tranquilo, por mi carril...

Se oye una reverberación que es casi como la historia de mi vida...
- ¿Cómo te has dejado llevar a un callejón sin salida, el mejor dotado de los conductores suicidas? -
Pero es extraño... si yo no tengo radio. Será de alguno de estos profetas del contramano.

Por favor... ¡Cómo corren! ¡Ni que viniese una octava plaga desde Egipto!

- ¡¡Aminorad!!

Vamos, que si tuviese claxon se iban a enterar.

De pronto pienso que sí, que puede que algo de razón tengan... todo empieza a temblar, como cuando se gesta un gran tsunami y los animales que lo barruntan huyen despavoridos en otra dirección.
Quizás todos estos son como esos animales y yo estoy equivocado.

Algo viene hacia mí, lo intuyo. Una gran oleada que barre todo a su paso. Es el final, jamás volveré a destino.

La fuerza con que se me empuja me obliga a seguir el sentido de todos y noto en medio del caos cómo todos aquellos con prisas quedan atrás.

En esa vorágine y locura quedo cada vez más solo, hasta que me hallo en medio de una sala sin apenas ruidos ni movimiento.

Enfrente mío hay una gran esfera dorada. Es... muy bonita.

Me acerco hacia ella; la encuentro verdaderamente irresistible.

Estamos solos... esa atractiva esfera resplandeciente y luminosa, y yo. ¿Qué pasa si la toco?

Existen grandes paradigmas en el universo. Aparentemente mis preocupaciones son tres: Comer, dormir y saber quién es ese señor tan calvo que a veces viene y me sonríe con un peluche.
Sin embargo,dentro de mi ser más profundo se debate la paradoja del tiempo; si mi encuentro con la esfera dorada ocurrió hace diez meses, ¿Por qué tengo solo uno?

No me he presentado; me llamo Rubén.





10) Historia increíble que nunca sucedió

Juan García García era un hombre gris y vulgar, tan vulgar como su nombre. Lo supo desde el mismo momento que vino al mundo al ver reflejados en los ojos de la comadrona sus cincuenta centímetros y sus tres kilos ciento cincuenta gramos. Nadie le llamo guapo, nadie le pellizco en las mejillas, ni siquiera mintieron diciendo que era un niño gracioso o simpático. No, lo único que escuchó fue a su tío Mariano murmurar en bajo que el jodio niño tenía cara de inspector de hacienda, y el tío Mariano nunca se equivocaba, todos asintieron. Solo su madre le acarició la cabeza mientras por primera vez le ofreció un pecho seco como el corcho y con sabor a poliespan.

Juan recibió una educación sobria y austera, casi podría calificarse de espartana, sin la compañía de un hermano y rodeado siempre de adultos que nunca reparaban en su presencia. ¡Y cuánto hubiera deseado ser invisible!, sobre todo en el colegio, donde era la victima recurrente de las burlas de sus compañeros. Las collejas y capones le forjaron el alma, la alegría de la infancia murió aplastada sobre el yunque de la incomprensión, por eso, desde niño, comprendió que su vida no sería como la de los demás, a él le tocaría pelear y girar en el sentido inverso de la órbita terrestre. Buscó refugio en los libros y leyó compulsivamente, persiguiendo respuestas, pero solo encontró nuevas preguntas hasta comprender que lo que él necesitaba saber no se podía encontrar en los libros. Fue su primera lección aprendida.

Y se le quedó grabada a sangre y fuego, existían personas para las que todo era fácil, a las que el éxito les venía rodado, y él no era una de ellas, él era un salmón. Tan amargo era su pensamiento que se convirtió en obsesión, en un deseo brutal por ser querido y aceptado fabricando un personaje imaginario que suplantaba su verdadera personalidad. Luchó con todas sus fuerzas por ser parte de la tribu, aprendió a ser ingenioso y a llamar la atención, o eso creía, porque a los ojos de los demás nunca pasó de ser un estúpido bufón, el hazmerreir, el payaso de las tortas. Pero se inventó que no le importaba, que si no lo pensaba no le dolería y se lo creyó y lo llamó normalidad. No lo era.

Estudió una carrera y aprobó unas oposiciones, de inspector de hacienda, por supuesto, para gran regocijo de su tío Mariano que se colgó la medalla dorada del ya lo decía yo. Juan fue todo lo que no quería ser, sin ni tan siquiera saberlo y, aunque de puertas para afuera de su verdadero yo todo parecía ir bien, se abrió en su interior una sima que separaba a sus sentimientos reprimidos de su caparazón prefabricado, una fractura que cada día se iba haciendo más grande, sin poderlo remediar. Su vida se convirtió en un río de aguas profundas que irremisiblemente le arrastraban a un sumidero del que era imposible escapar.

Y llegó el día en el que Juan no pudo más, su cerebro dijo basta y decidió, sin preguntarle, olvidarlo todo. Fue una renuncia voluntaria del subconsciente, una desconexión de los sentidos que se volvieron incapaces de acceder al cofre de los recuerdos. Paso una hora, pasaron dos, llegó la noche, amaneció, volvió a anochecer y Juan no acumuló ningún recuerdo nuevo, solo era consciente de su existencia, pero ésta ya no le pertenecía. Fue entonces cuando desapareció la indiferencia, cuando se hizo invisible la ausencia de amor y, aunque no pudo adivinar cómo había llegado a esa situación, sintió un gran alivio, un deseo infinito e irresistible de dejarse llevar.

Notó que la corriente del río le arrastraba a favor, que solo tenía que dejarse llevar, era el triunfo del olvido, el salmón había muerto, por fin era libre.



11) A kontrakorriente

Poco me importa
toda la gente.
Poco me influye
en el presente.
Sigo en mis trece,
sigo vigente;
Yo siempre vivo
a contracorriente

Cuando ellos paran,
ya estoy enfrente.
Cuando hace frío
yo estoy caliente.
Nunca he dejado
algo pendiente;
siempre lo vivo
a contracorriente.

No me molesta
ser diferente.
Mas le fastidia
al intransigente
ver mi sonrisa
sobre su frente
mientras yo vivo
a contracorriente.

Mientras, voy siendo
un referente
para el que evita
ser complaciente.
Vivo mi vida,
y plenamente.
Vivo tranquilo
a contracorriente.



12) Estátus

Me llamo Jacinto Fernández-Vinuesa de Echegaray, soy graduado con matrícula de honor cum laude en económicas por la Universidad de Oxford y tengo tres másters realizados en las más prestigiosas escuelas de Ámsterdam, Berlín y Londres. Mi familia es una de las más poderosas de la aristocracia andaluza, con inconmensurables terrenos en tres provincias distintas y un estátus ganado, generación tras generación, en la alta sociedad gracias a nuestras prestigiosas bodegas. Una vida fácil, diréis. Probablemente lo sea, pero para mí era muy aburrida y vacía, sobre todo vacía.

Por ello, un día decidí que no quería seguir ese camino y que quería ayudar a los demás, hacer algo que de verdad sirviera para mejorar este mundo, para hacer feliz a la gente y, tras muchas dudas, un día por fin tuve claro qué hacer: quería irme de ayuda humanitaria a Guatemala. Mis padres, por supuesto, no lo entendieron. Me gritaron, lloraron, incluso me amenazaron con desheredarme argumentando que era la oveja negra de la familia y que les había deshonrrado. “Honor”, recuerdo que dijeron varias veces. Qué sabrán ellos de honor, desde su bonita residencia de verano bebiendo un martín tras otro hasta que caen redondos al suelo mientras el mundo se descompone por sí solo. Esa no es una vida que yo quiera tener, yo valgo para algo más que eso.

Que era una locura, me dijeron. Que se me había ido la olla y que mi lugar no estaba entre analfabetos sin clase. Qué sabrán ellos de clase. Recuerdo que les grité, que les tiré mi anillo de campeón de la regata de Oxford a su bonita alfombra y salí de su casa dando un portazo. De eso hace ya varios años, y no he vuelto a saber de ellos ni quiero, sinceramente. Ahora mi vida es totalmente plena y por fin puedo decir que ayudo a los demás y que, gracias a mí, la vida se abre camino de nuevo en zonas en las que parecía imposible. Al final no me fui a Guatemala porque perdí el avión y me daba pereza comprarme otro billete así que acabé trabajando de mamporrero, pero para el caso viene a ser lo mismo. Cada vez que oigo relinchar a Relámpago siento que mi vida por fin tiene algo de sentido. Míalo él qué contentico.